Pañuelos verdes, pañuelos violetas, y consignas puntuales se escucharon en las calles de Córdoba el pasado 8 de marzo, con la presencia de más de 30 mil almas en la gran marcha realizada dentro del marco del Paro Internacional de Mujeres.

Columnas de maternidades, de agrupaciones políticas, de movimientos sociales, (entre ellos también estuvo presente el Movimiento de Organizaciones Sociales Carlos Mugica); mujeres autoconvocadas, y no hubo quienes se sumaron de manera espontánea al ver la marea de colores y carteles marchando desde colón y Cañada hacia la plaza Agustín Tosco.

El documento leído por la Asamblea del Colectivo Ni Una Menos explicó el por qué de esta gran marcha: “Este 8M Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, las Mujeres, Tortas, Travas y Trans paramos. Somos feministas y hacemos temblar el mundo nuevamente porque somos parte de una historia colectiva e internacional, de quienes hoy luchamos en el mundo por nuestra emancipación. Somos millones las mujeres movilizadas en todo el mundo y salimos a las calles en defensa de nuestras vidas y por nuestros derechos como mujeres y trabajadoras. Nosotras paramos exigiendo educación sexual laica y científica, con perspectiva de género para decidir, anticonceptivos para no abortar, y aborto legal, seguro, gratuito, en el hospital para no morir”

Según las cifras expuestas en el discurso, el año pasado 295 mujeres fueron víctimas de femicidios y transvesticidios, y Córdoba fue la segunda provincia con mayor índice de femicidios. Un número que se multiplica a millones a escala mundial; al igual que esta jornada de visibilización y protesta se expandió por todo el mundo con muchísima adhesión.

Y es que este movimiento de mujeres alzando la voz por las desigualdades que padecen dentro de un contexto socio histórico milenario, necesitaba un espacio para manifestarse; un movimiento que integra diferentes corrientes y visiones que aún se encuentra en proceso; pero con la unidad bajo la convicción de que hay situaciones que ya no están dispuestas a callar, o subyugar.

“Que la Tierra tiemble”, fue una de las consignas que apelaban a que el mundo oiga lo que las millones de mujeres tenían para decir. Y sin dudas así fue.

(Imagen: Milagros Martínez/LaVoz)