El CUD (Centro Universitario Devoto) tiene su historia y particular, por supuesto. Comenzó a funcionar en 1985 cuando un grupo de presos (de la cárcel de Devoto) realizó gestiones y protestas para que los dejaran estudiar. Existían sectores del Servicio Penitenciario Federal (SPF) que apoyaban el pedido y otros que se oponían rotundamente. Después de una lucha de los internos el Centro abrió y es un espacio de libertad dentro de un contexto de encierro y oscuridad.

En la actualidad, los sujetos disponen de las siguientes carreras: Derecho, Sociología, Ciencias Económicas, Psicología y Ciencias Exactas, Filosofía y Letras, además de diferentes talleres que les permiten conversar, charlar pensar y, sobre todo, los habilita a crear y mantener un pensamiento crítico. A poder pelear y luchar por ese espacio construido y sostenido por ellos. Y cuando digo sostenido lo hago en forma literal. Los hombres que asisten al CUD son los que lo cuidan, lo pintan, lo decoran, lo mantienen limpio, lo ordenan y hacen de ese lugar un espacio de libertad mental, de distracción y de crecimiento espiritual e intelectual.

Otro punto central del CUD es la biblioteca hermosa que crearon, es un sitio muy cálido repleto de libros de diferentes temáticas que los internos pueden leer tanto ahí como en sus pabellones. Es un sector donde se juntan para conversar temas de la cotidianidad del Centro como también para estudiar en conjunto o a leer en tranquilidad.

El CUD es un espacio que está habilitado de lunes a viernes de 9:00 a 18:00 pero que se mantiene cerrado los fines de semana, lo cual es una lástima ya que durante el sábado y domingo se podrían brindar talleres. Esas actividades que durante la semana no son posibles porque a los docentes se les dificulta ir o porque los internos están asistiendo a sus clases. Por otra parte, si el Centro estuviera abierto los internos tendrían la posibilidad de estudiar en ese espacio más motivador y agradable que los pabellones. Otro punto no menos importante es que muchos de los presos no reciben visitas durante varias semanas. Así, el Centro sería un sitio de recreación y esparcimiento importante para ellos.

Los más de mil metros cuadrados del CUD están rodeados de rejas, pero permanecen ajenos del devenir carcelario y eso es notorio. En sus aulas, sala de actos, pasillos, biblioteca, laboratorios y hasta en los recovecos, no hay requisas ni uniformados, sólo estudiantes, profesores, talleristas y otras personas que circulan por las instalaciones. El lugar tiene un aspecto muy ameno en el cual dan ganas de estar, quedarse y transitar. Es por ese motivo y los que señale más arriba que es un ejemplo en el mundo entero.

En el Centro Universitario de Devoto percibí ganas, entusiasmo, grupalidad, un alojamiento ameno, presos en franco proceso de rehabilitación, diversos proyectos colectivos y, sobre todo, una gran necesidad de crear vínculos, tramas y redes que los sostengan y contengan. Son sujetos que han logrado construir, generar un conjunto de presencias que se acompañan, que se comprometen y cuidan su lugar. Creo que es imprescindible defender este proyecto donde los internos pueden adquirir una bocanada de libertad y de esa manera comenzar a trazar un nuevo relato, una nueva trayectoria real, singular y particular. O, tal vez, resimbolizar su propia historia.

Como dijo el escritor José Saramago: “Dentro de nosotros hay una cosa que no tiene nombre. Eso es lo que somos”. Yo me permitiría agregar con absoluta modestia: “También lo que seremos”.

Creo que como sociedad todos los actores debemos comprender que estigmatizar a sujetos y condenarlos al hastío, la sobrevivir entre rejas, al castigo y el encierro sin darles herramientas para progresar, moverse, y modificarse es matarlos en vida. Eso no es justo ni para ellos ni para nosotros como seres sociales.

Fuente: elfurgon