El viernes último condenaron a 8 años de prisión a Carlos Zárate, ex oficial del Servicio Penitenciario, acusado de intentar ingresar drogas al complejo de Bouwer.

En la mañana del miércoles, el propio Zárate, fuera de sí, tomó de rehén a un empleado penitenciario Joel Peralta y se introdujo con él en el núcleo del pabellón E1, en el módulo MD1 de Bouwer. Exigía que lo llevaran a Tribunales II para reclamar por su fallo, insistiendo en que estaba “todo armado” en su contra.

Según detallaron fuentes del SPC, el empleado gritaba enloquecido, diciendo que no había sido justa la condena, mientras inmovilizaba a su rehén.

El lugar donde se había logrado introducir junto con su rehén es el núcleo, un sector donde únicamente tiene acceso el personal. Desde allí se maneja todo el núcleo y sus pabellones, incluyendo las puertas de acceso a los corredores y al propio núcleo, además de las mismas celdas de los internos.

Con ambos dentro núcleo, quien arribo al lugar fue el jefe de seguridad, subalcaide Javier Fernández, acompañado del director alcaide Marcelo Chávez. Luego se hizo presente el subjefe, subalcaide Sebastián Moreno, todos responsables del MD1.

Fueron ellos quienes condujeron la negociación hasta lograr que Zárate se calmara y entregara al rehén. Luego de ser reducido, le encontraron un corte (faca tumbera) en la cintura.

Luego de resuelto el episodio, los funcionarios del SPC Fernández y Tello presentaron la denuncia ante la Unidad Judicial 23, pero pidieron a sus subordinados que el tema se manejara con absoluta discreción, dando la orden de no comentar el episodio a nadie.

A los pocos minutos llegó la visita de Zárate: su mujer y su hermano Juan Zárate, un penitenciario retirado. Sólo a este último lo dejaron pasar, quien pudo reunirse con el subjefe Moreno

La dura condena de 8 años de prisión que recibió el viernes último Zárate resultó sorpresiva tanto para su familia como para su abogado defensor, Francisco Lavisse, quien en el alegato brindado el mismo día de la sentencia había desgranado durante una hora y media las serias irregularidades en torno a la instrucción de esa causa. El planteo de la defensa, con abundante carga probatoria, apuntó en todo momento a que al empleado le fue colocado en el guardabarros de su vehículo un pequeño envoltorio con 92 gramos de una mezcla de sustancias.

Antes de la condena Lavisse había adelantado que percibía “una predisposición de la Justicia para ir por la condena”, y fundamenta sus dichos en diversas señales a lo largo de las audiencias.

Cuando se le preguntan al abogado los motivos para esta “predisposición” condenatoria, la respuesta resulta no menos inquietante. “Sostengo eso porque una absolución de Zárate podría terminar en un juicio contra la Provincia por un lado, y luego otro juicio más por haber sido exonerado de la fuerza”, dijo Lavisse. Sobre ello también agrega que el vehículo de Zárate fue incautado por la Justicia y que en la actualidad está siendo utilizado, “no se saber por quién”. Y con la insólita particularidad de que el Ford Fiesta Kinetic dominio NQI 557 “continúa pasando por las cabinas de la RAC utilizando el sistema de telepeaje, que sigue pagando el propio Zárate, encarcelado hace más de un año”.

fuente: En redacción