Todos las semanas, Martín Fogliacco comparte con la audiencia de La Ranchada una entrevista a laburantes (trabajadores/as) de la ciudad. En esta oportunidad, conoceremos la historia de Ceferino Lisboa, quién es albañil y poeta. Ceferino remarca el colorido y el “artista latente” (tal como lo llama él) que existe en las diversas obras en construcción: la picardía y la creatividad del albañil.

Compartimos la entrevista realizada por Martín a Ceferino:

M -¿Cómo te presento?

C -Mi oficio es la albañilería.

M -Sin embargo siempre te encuentro leyendo poesías…

C -Si, participo culturalmente en Córdoba en un grupo que se hace llamar “Pan comido” gente con la cual venimos compartiendo desde 1998, ya 17 años. Mi oficio es la albañilería pero tengo el metido este de escribir. Siempre he intentado pensar qué cosas me han llevado a escribir, pero creo que básicamente es la herramienta de la palabra, la que está al alcance de todo el mundo y no cuesta nada. No se necesita un instrumento -que cuesta plata- no necesito pintura -que también cuesta plata-. Hablar y escribir es mucho más barato.

M -¿Qué fue primero?

C –No, primero la albañilería…

M – ¿Cómo comenzaste con la poesía?

C -Primero se comienza por algo muy básico, que es la lectura. En casa no había muchos libros, a decir verdad.  Una vez apareció una antología de Pablo Neruda, poeta chileno y leyendo en voz alta me encontré con que había algo distinto. Más allá de lo utilitario de leer. Ahí me enteré que existía algo que se llamada poesía. Fue todo distinto desde ese día. Lo primero es lo de siempre, la imitación. Es lo primero, al encontrarse con alguien que a vos te moviliza, buscas imitarlo e intentar sentir lo que el tipo sintió. La imitación es lo primero.

M – ¿Lo que escribís tiene relación con la albañilería?

C -No así el fondo, sino la forma. Mi forma de escribir no es abstracta, sino concreta. Tiene que ver con lo concreto. Para mi ladrillo es ladrillo, no es otra cosa. También uno se ha encontrado con otra clase de poesía que es muy distinta a la que uno cree que escribe, pero son cosas que también me movilizan. Hay un poeta peruano Cesar Vallejos, un tipo muy interesante. Es un poeta que nació a finales del siglo XIX y murió en el 1935, que escribió un libro que se llama “Poemas humanos”, un libro increíble. El tiene una forma muy distinta de escribir, pero sin embargo, es un tipo al que siempre vuelvo, porque siempre me alimenta.

Me lleva mucho tiempo escribir, la primera impresión no es a la cual siempre acudo. No me gusta mezclar negocios con placer, nunca leo en la obra. Por suerte soy mi propio patrón, eso me obliga a estar pendiente de otras cosas. Leo cuando estoy en mi casa.

M -No sos poeta aisladamente, sino que tienen un grupo…

C –Si, “Pan comido”, somos un grupo que busca propagar este placebo de encontrarse con otras  experiencia vitales, que son los poetas. La única forma de hacer eso es editando. Empezamos con pequeñas plaquetitas, papel madera en oficio, en lo que fuera. Siempre nos interesó dar cuenta a  la gente que se estaba perdiendo de algo. Ahora por suerte, desde el 2009 estamos editando un libro que se llama “Música del lugar”. La mayoría del grupo ya hemos editado propios libros. También hemos invitado a otras personas, siempre hemos estado pendientes de otras experiencias. Por suerte en noviembre sacaremos dos libros más.

M -Siempre me interesa preguntar sobre el sentir de la concreción, cuando terminas una casa, un libro ¿Qué sentimiento produce eso?

C -Es raro, hay una especie de egoísmo, de complementariedad. Si bien es cierto que es un laburo, pero la propia idea de saber que alguien va a habitar ese lugar que se ha construido, es muy fuerte. Siempre estamos muy pendientes de las necesidades de la persona que va a vivir, intentando pensar por él. Yo soy albañil desde los 14 años, llevo 30 años en la albañilería.

Y en la poesía desde los 17 años. Uno empieza leyendo, voy a decir una frase muy grande “uno es poeta leyendo”, ahí empieza el verdadero laburo. La escritura es una especie de resultado, no del todo grato para uno. Lo primero es leer, esa es la materia prima, estar en contacto con esas otras experiencias. Uno piensa que la palabra en el papel es algo muerto. Claro que es muerto si nadie lo abre. Cuando uno abre el libro, ahí cobra vida con la mirada que uno le pone. Todo lo que dice un tipo cuando escribe no es suficiente, se completa con la mirada del otro. Otra cosa que se debe decir, es que no es necesario entender todo lo que se lee, siempre deben quedar espacios vacíos porque la poesía va más allá de eso.

M -¿Hay muchos artistas en las obras?

C –No, sinceramente no. Es decir, uno se encuentra con  estados latentes de artistas. A mí me parece que la alegría está ligada a la cuestión estética: un chiste, la cuestión socarrona. A veces me pongo a pensar que los albañiles son los mejores poetas. Porque son tipos desinteresados. Dan todo, a expensas de su propio físico. Y no esperan mucho, esperan lo que realmente se merecen. No sucede muchas veces que se le paga por lo que dan. Hay una especie de entrega. Hay un desapego por intentar cubrir porque el albañil no puede no negar aquello que sabe y lo ofrece desinteresadamente.

M -El asado de los viernes, es de data antiquísima… la celebración del trabajo.

C -Si, es donde se reúne la camaradería, se hacen más fuertes los lazos. Hay algo que nos une, son pequeños gestos.

M -¿Cómo ves lo que se viene en la obra y en la poesía? ¿Qué desafíos se te plantean?

C -En términos de laburo es un desafío todos los días. La construcción es un espacio donde a veces no se reconocen las cualidades, las entregas que hacen los tipos que trabajan en la construcción. Entonces, esa es una especie de construcción social, que todos los días se renueva, en que el otro te reconozca como lo que sos y no como solo una variable nada más. Lamentablemente, siempre el albañil es una variable de ajuste, donde siempre se ajustan muchas cosas en términos económicos.

Y en la escritura, siempre pienso que lo mejor que uno puede escribir, aún no lo escribí. Muchas veces no depende de uno. Soy intuitivo, uno no sabe, pero está ahí.

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