En las últimas horas se conoció el testimonio de un joven de 17 años que se encuentra detenido en el Complejo Esperanza desde 2016. En sus palabras, el complejo se reafirma como un ámbito de encierro que no cuenta con las necesarias medidas de higiene ni de trato para con los menores ni de protección de los Derechos de niños y adolescentes.

Lo cierto es que más que funcionar como un complejo socio-educativo parece tener las mismas características que cualquier centro carcelario de privación de libertad. Lo que en un principio fueron buenos informes sobre su conducta, se convirtieron con el tiempo en reacciones adversas para el joven, basadas en ansiedad y malestar. Todo debido a que habían decidido, por un inconveniente, interrumpir las clases y los talleres de la escuela generando más tiempo de ocio.  “Esto te empeora. Encerrado acá tengo a mi familia condenada conmigo. La primera vez que estuve los maestros me “hicieron c…r”, me marcaron la espalda tirándome contra la reja”, mencionó el adolescente.

Su abogado, Manuel Calderón, aseguro: “Lo que inicialmente fue una forma de defenderse, pasó a formar parte de su personalidad. En la mayoría de los casos, prolongar el encierro es una forma de sacarse el problema de encima”.