En diferentes establecimientos del país podemos ver que aún se incumplen los tratados de derechos humanos y se descuida el trato de los internos, en esta oportunidad contamos la historia de Francisco Ramos, quién sufrió graves lesiones en un penal de Rosario.

En esta oportunidad hacemos referencia al caso del ciudadano privado de su libertad Francisco Ramos, postrado por una afección renal producida por las torturas a que se lo sometiera durante su detención y posteriormente, demuestra el fracaso de los instrumentos jurídicos contra la tortura y los tratamientos crueles, inhumanos y degradantes en vigencia de la Ley, esto es en las cárceles, alcaidías y comisarías donde se alojan las personas privadas de su libertad.

Por otra parte, ese léxico que usan los instrumentos legales que diluyen, mitigan y desvirtúan la palabra “tortura”y que es de dominio público: los gritos, los aullidos, los mugidos amordazados, la horrenda, premeditada, minuciosa ejecución en seres humanos de las infinitas formas de lacerar los cuerpos y las mentes de semejantes por alguna circunstancia caídos en desgracia.

Los instrumentos jurídicos pueden desdibujar lo que es y debe ser irreductible al discurso: el horror, el suplicio, el tormento. Cuando esto ocurre en Democracia y en vigencia teórica de los Derechos y Garantías Constitucionales, su gravedad deja a los ciudadanos en un estado de permanente indefensión jurídica.

Para que la tortura prospere y generalice en Democracia deben operar vastas complicidades que involucran a todos los poderes del Estado, sus Instituciones intermedias y a gran parte de los ciudadanos. El caso del ciudadano Francisco Ramos es uno de los casos paradigmáticos de violación premeditada y sistemática de los Derechos Humanos que aproximan Democracia y Dictadura, peor aún, revelan una Democracia que incorpora y naturaliza la tortura; que no sea en absoluto excepcional visibiliza una degradación que involucra incluso a Organismos que nacieran para impedirla.

Fuente: Coordinadora de trabajo carcelario