Objetivo:
Cese inmediato del agravamiento ilegítimo de las condiciones de detención y de los traslados del que somos objeto en el Penal de Mujeres de Bouwer, conforme a la Constitución Nacional, a la ley N° 24.660, a las leyes provinciales y tratados internacionales sobre prevención de la tortura, tratos inhumanos, crueles, degradantes y humillantes de las personas privadas de su libertad.

Señor Juez:
Por el presente hacemos saber a usted que estamos siendo objeto de actos que suponen a una violación a nuestros derechos y garantías elementales que ponen en riesgo nuestra integridad física y psicológica, colocándonos en una situación de peligro de muerte o daño irreparable.
Por otra parte entendemos que el Habeas Corpus colectivo correctivo es procedente ya que las internas afectadas por ésta situación nos encontramos todas alojadas en el mismo pabellón, D1, del Penal de Bouwer de Mujeres razón por la cual resultaría engorroso, si no también ineficaz, formular sendas peticiones en forma individual a cada uno de los jueces responsables de nuestra detención. No obstante nos reservamos el derecho a realizar las denuncias penales correspondientes y toda acción legal pertinente.

Hechos:
Todas ingresamos shoqueadas luego de brutales allanamientos y procedimientos de traslado inhumanos y, a pesar de ser procesadas, o sea, inocentes hasta que se demuestre lo contrario, y la mayoría sin antecedentes penales, somos sometidas a un régimen extremo, violatorio de la Ley Nacional N° 24.660, desde el momento mismo del ingreso, en el cual no nos dan recibos de nuestras pertenencias ni instrucciones verbales ni escritas como marca la Ley art. 66 y 68. El alojamiento en el pabellón tampoco cumple con la Ley, ya que las instalaciones no resistirían una inspección sanitaria, que nunca se realiza. No contamos con los mínimos requerimientos de higiene, vivimos rodeadas de ratas, cucarachas, arañas, piojos, moscas, mosquitos, etc., que se alimentan de la basura circundante y de la que se acumula dentro del pabellón, exponiéndonos a multitud de infecciones y enfermedades, de las cuales muchas hemos sido víctimas.
Celdas sucias, colchones viejos y rotos, sin ropa de cama, duchas sin mezclador que nos queman o nos hielan, un baño común inutilizado, clausurado y emitiendo hedor insoportable, un anafe viejo y roto, siempre perdiendo gas, completan el cuadro. Nos hartamos de pedir elementos de limpieza para las áreas comunes, ya que estamos obligadas a limpiarlas con los escasos elementos personales que las familias traen de afuera. Las fajinas se realizan sin guantes ni protección alguna, teniendo que arrastrar los viejos y sucios tachos de residuos y levantar basura con las manos.
La comida tampoco cumple con los requerimientos mínimos nutricionales, menos las dietas de las que estamos enfermas que es pobre en cantidad y calidad, esta falencia afecta gravemente nuestra salud, sobre todo a quienes no tienen visitas de familiares que puedan traerles alimentos.
La asistencia médica y odontológica es muy deficiente, cuando no inexistente, faltan medicamentos e insumos, faltan profesionales y no existen médicos de guardia, las instalaciones para internación se asemejan a salas de torturas, hasta con cama de sujeción. El estado de éste servicio, tan importante para nuestra integridad física es deplorable y nos pone en alto riesgo de vida.
Así estamos, malnutridas, abandonadas, con una vida sedentaria ya que no podemos acceder a las áreas verdes que nos rodean, sólo a un patio de cemento cubierto de excremento de palomas, 4 horas por día, donde lavamos y colgamos la ropa, rodeado por una alcantarilla con aguas servidas y basura tóxica y pestilente, sumando riesgos como el dengue.
Sumado a lo expuesto tampoco se cumple la ley con respecto al trabajo que realizamos, ya que muchas no reciben remuneración o se realiza en negro sin cumplir con la Ley Laboral. Las visitas de allegados han sido limitadas o suspendidas sin motivo alguno, cortándonos vínculos vitales para nuestra integridad física y emocional.
Y como si esto fuera poco, los traslados o “comisiones” a los tribunales son aterrorizantes, somo obligadas a levantarnos a las 6 de la mañana y, sin poder desayunar, higienizarnos no hacer nuestras necesidades, ni llevar nada, somos requisadas por el personal penitenciario y por el de traslado, somos esposadas y atadas con candados al asiento de un móvil sin aire, llevadas a una celda en tribunales llamada “depósito”, con un baño en común con los hombres, en un estado higiénico deplorable, sin puertas y lleno de excrementos, sin papel higiénico, algo vergonzoso y humillante, más siendo en el edificio de tribunales, donde podemos estar hasta 6 horas, luego de otra requisa, sin agua, ni alimentos, ni asientos, sólo bancos durísimos de cemento. Sólo rogamos volver a la cárcel, donde somos requisadas nuevamente, después de 12 horas, hambrientas, sedientas, sucias, destruídas, llegamos de los tribunales que supuestamente deben velar por que nuestros derechos humanos y garantías sean cumplidos, causándonos doble daño, tortura física y psicológica irreparable, cuando el art. 71 dice que los traslados no causarán padecimientos innecesarios.
Y como si ésto fuera poco también sufrimos brutales requisas periódicas de la F.P.A. que son allanamientos destructivos, a diferencia de los realizados por el personal carcelario, la F.P.A. abusa, destruye nuestras escasas pertenencias y alimentos, dejando nuestras celdas en un estado calamitoso, método cruel e innecesario ya que nunca encuentran nada.
Luego de lo expuesto, que es una brevísima síntesis de los maltratos, torturas, humillaciones y abandono que sufrimos, comprenderán el por qué de tantos suicidios o intentos de suicidio que aquí acontecen, hemos sido muchas de nosotras testigos de 7 suicidios e intentos de suicidio, cifra que puede constatarse en los informes e historias clínicas del penal y que sospechamos puede ser mayor.
A diferencia de los hombres, nosotras no podemos tener entrevistas confidenciales y personales con nuestros abogados, no tenemos acceso a una computadora para hacer escritos, y hacerlos por triplicado y a mano nos resulta difícil, aún así intentamos hacernos oír, superando el temor a vernos perjudicadas en nuestras causas o sancionadas, ya que hemos recibido información sobre casos en los que así ha sido. Éstas amenazas o coerción para que no nos quejemos ni denunciemos nada, se configura en el peor crimen ya que vulneran lo más sagrado del ser humano, la esperanza en la justicia y la defensa por derecho propio, creando un daño profundo en nuestra psiquis y nuestro ánimo.
En éstas condiciones deplorables esperamos que nuestros tribunales se dignen a hacer justicia, orando por justicia divina ya que la humana en Córdoba parece haber perdido toda razonabilidad e integridad moral.