Eugenio y Juan compartieron otro lunes en La Ranchada para comentar la persecución política que sufrió Hebe de Bonafini, Titular de Madres de Plaza de Mayo. Además, junto a la visita especial de Alicia Honores, relataron las vivencias de ser hijo de desaparecidos en épocas muy duras de la historia argentina y la ansiedad previa a días de la Sentencia por el Juicio de la MegaCausa La Perla.

Desde H.I.J.O.S. Córdoba, el intento de encarcelamiento a Hebe de Bonafini fue uno de los golpes más duros y cobardes que ha tenido este Gobierno con una luchadora por los Derechos Humanos y que, lejos de ser un hecho aislado, se corresponde con una serie de embates políticos sistemáticos del Gobierno de Mauricio Macri contra referentes sociales.

Para debatir sobre esta dura situación, en La Ranchada, compartimos un grato momento con Alicia Honores, hija de desaparecidos y militante del espacio de la Agrupación H.I.J.O.S “Vivimos”, lugar donde se combina el arte y la política y que, en estos días, están preparando intervenciones para la Sentencia Final del 25 de agosto.

Luis Santucho Honores, Padre de Alicia, era obrero y delegado de la UOCRA. Fue desaparecido el 3 de junio de 1976 bajo la causa Herrero. Apenas 7 años tenía Alicia cuando vio por última vez a su Papá. Durante estos cuatro años que lleva de duración el Juicio por los Delitos de Lesa Humanidad en Córdoba, fue querellante bajo el asesoramiento de las abogadas María Elba Martínez y María Teresa Sánchez.

Justamente, en vistas al tramo final del Juicio por la MegaCausa La Perla, muchos de los hijos y familiares de desaparecidos comienzan a reflexionar sobre lo que representó el Juicio para ellos y el histórico momento que representará en sus vidas la Sentencia Final: “Que el Estado escuche el nombre de nuestros familiares o Padres, que sepan que tuvieron un nombre, una militancia, una historia de vida. No sólo lucharon por sus hijos sino por todos los hijos del mundo. Nuestras historias ya son colectivas y pertenecen al resto”.

En el marco de reflexiones y recuerdos, surgen los momentos difíciles y el dolor que significó encarar investigaciones sobre los Padres y familiares desaparecidos. Afrontar la niñez y la adolescencia en los períodos cruentos de las décadas del ‘80 y ‘90 con las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final y, luego, el terrible Indulto: “Decíamos que nuestros Padres habían muerto en accidentes de tránsito o de un paro cardíaco porque no podíamos decir que éramos hijos de desaparecidos, ya que estábamos poniendo en riesgo a nuestras familias”.

Hoy, a tan sólo dos semanas de la Sentencia, los miles de testimonios de los Juicios fueron momentos para encontrar y construir  unidad con el otro: “Cuando uno escucha a alguien testificar, se está escuchando uno mismo. Así nació nuestra organización, para poder transformar las historias de vida en militancia. La lucha es colectiva por eso la socializamos y nos hermanamos en ella, para pedirle al Estado que cumpla con lo que debe cumplir y para defender cada vez que un argentino sea víctima de la violación de sus Derechos Humanos”.