El móvil de la radio se acercó a escuchar los testimonios de los vecinos y conocer su situación.

Fernanda, vecina del barrio, denuncia que la policía ha delimitado el barrio con cintas y que “se quieren llevar” a quien entre o transite dentro del predio. Asegura que la policía presiona para que los vecinos abandonen el barrio, bajo la amenaza de llevarlos detenidos en caso de no hacerlo. “Estamos perimetrados, como si estuviéramos en la dictadura militar o en estado de sitio”, sostiene.


Los superiores buscan no exponer a los agentes oriundos de la ciudad cuando comienzan a ser cuestionados y grabados por los vecinos. Para ello, solicitan grupos especiales provenientes de otras localidades, como Bell Ville, Villa María, Huinca Renancó y James Craik. Fernanda nos cuenta que la relación con los policías, en general, es de buen trato. Pero los conflictos surgen cuando se acercan al lugar los comisarios y subcomisarios, que son quienes imparten la orden de reprimir.

Las amenazas se dan por la noche, momento en que llegan los policías sin identificación y sin orden judicial para llevar a cabo el procedimiento: “se ponen chalecos antibalas, andan con armas. No es justo”, reclama una vecina. Karina, otra habitante del barrio, cuenta que unos diez policías en moto la sacaron de su casa, junto a otras tres mujeres, cuando estaban durmiendo con sus hijos. “Si no salen, nos llevamos a los niños y a ustedes las llevamos

presas”, les dijeron.

Algunos de los vecinos y vecinas que sufren el hostigamiento policial en barrio Nueva Esperanza

Los vecinos calculan que, hasta el momento, han tirado abajo unas 20 casas a patadas: “Vienen en una camioneta y cargan las chapas, las maderas, los palos, todo”. No existe diálogo, sólo amenazas. “Uno dice algo y te rodean todos, no te dejan hacer nada”, asegura un vecino.

Fernanda agrega que “Hay un escrito que dice que desde 2013 no se puede construir. Pero la gente no construye, vive en viviendas precarias o en carpas” porque no tiene otro lugar donde vivir. Los vecinos del barrio son trabajadores, en su mayoría empleadas domésticas y de la construcción, o que viven de changas. Piden ayuda a las ONG: “¿Por qué no viene Derechos Humanos a ver cómo vive la gente?”