A un mes de la intervención militar directa de Estados Unidos en Venezuela, el escenario regional y global muestra cambios profundos que exceden largamente las fronteras del país caribeño. Se trató de la primera invasión armada estadounidense en América Latina desde 1989, cuando Panamá fue atacada por tropas norteamericanas. La denominada Operación Resolución Absoluta culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama, Cilia Flores, y abrió una etapa de enorme incertidumbre política.
Más allá de los nombres propios, lo que está en discusión es el control efectivo del país. Aunque el chavismo mantiene una estructura de poder —con Delcy Rodríguez como presidenta encargada, Diosdado Cabello articulando el frente político interno y Vladímir Padrino López al frente del área de Defensa—, se observan señales claras de reconfiguración. Desde el gobierno venezolano sostienen que estas decisiones forman parte de una estrategia para ganar tiempo, mientras que sectores de la oposición reconocen que el proceso resulta incómodo y complejo, con eventuales cambios graduales que podrían desembocar en elecciones a mediano plazo.
En ese marco, comenzaron a concretarse definiciones que marcan un giro significativo. Se flexibilizó la Ley Orgánica de Hidrocarburos, lo que habilita el ingreso de grandes petroleras estadounidenses; se avanzó en una amnistía general que incluye a personas detenidas por hechos violentos vinculados a insurrecciones políticas desde 1999; y se interrumpió el flujo de ayuda y comercio hacia Cuba. Todo esto refuerza la idea de que Venezuela atraviesa un proceso de condicionamiento externo que redefine su margen de autonomía.
Esta lógica no se limita a Caracas. La política exterior de Donald Trump parece apoyarse en una estrategia de presión extrema: demostrar capacidad de intervención directa como mensaje disciplinador hacia otros países. La señal enviada con Venezuela se replica en otros escenarios. Cuba vuelve a estar bajo amenaza, México aparece condicionado en distintas negociaciones, e Irán enfrenta una escalada militar con el despliegue del portaaviones Abraham Lincoln, destructores con misiles de largo alcance y miles de marines en la región.
Paradójicamente, esa misma presión estaría forzando instancias de diálogo. Irán anunció que este viernes se sentará a negociar con Estados Unidos en Turquía, junto a otros países de la región. Al mismo tiempo, este miércoles comenzarán conversaciones entre Rusia y Ucrania con el objetivo de explorar una salida al conflicto que ya se encamina a cumplir cuatro años.
A un mes del secuestro de Venezuela, el tablero internacional muestra cómo la política de amenazas, golpes y negociaciones forzadas redefine alianzas y equilibrios. La pregunta que queda abierta es hasta dónde puede sostenerse este esquema sin profundizar aún más la inestabilidad global.
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LA DESPENSA. Lunes a viernes de 9 a 12hs, con Emilia Calderón.
Imagen: CNN.

