En la intersección de las calles Pizzolatto y Gabriel Ortega, en el sector norte de la ciudad de Córdoba, la realidad cotidiana de los vecinos se ha transformado en una lucha contra el abandono. Lo que debería ser una calle de tránsito normal se ha convertido en lo que los residentes irónicamente llaman una «pileta municipal» o «laguna», un enorme pozo que ocupa casi tres frentes de viviendas y que ha socavado el asfalto de manera peligrosa.
El deterioro es de tal magnitud que las líneas de colectivo 12 y 14 han dejado de circular por la zona. Esta situación obliga a los vecinos, incluidos estudiantes que regresan de noche de la escuela secundaria, a caminar entre cinco y seis cuadras por sectores oscuros para poder llegar a sus hogares. Además, se han registrado accidentes graves: recientemente, una mujer que viajaba en una motocicleta cayó dentro de uno de los pozos, sufriendo diversos golpes.
Más allá de los problemas de tránsito, los vecinos denuncian un grave riesgo sanitario. El agua estancada genera olor nauseabundo que afecta incluso las ventas de los comercios locales. En un contexto de alerta por el dengue, la presencia de nubes de mosquitos y la acumulación de basura en las esquinas agravan la preocupación de familias como la de don López, un vecino del sector desde 1979 que tiene dificultades de movilidad y vive frente al foco infeccioso.
A pesar de llevar tres años realizando reclamos y de haber mantenido reuniones recientes con autoridades del CPC, los vecinos afirman que solo reciben promesas sin fechas de ejecución. «Vienen, sacan fotos, pero no pasa nada», lamentó uno de los afectados, señalando que la falta de mantenimiento ha convertido una cuadra antes cuidada en una zona intransitable y peligrosa.
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