Valle de Punilla: un recorrido entre sierras, ríos y pueblos para recorrer

El Valle de Punilla es un lugar ideal para escaparse de los ruidos de la ciudad y poder despejar la mente aunque sea un par de horas.
Valle de Punilla.web

Punilla suele leerse como un tramo, no como un destino. Está cerca, es accesible, aparece en la ruta de siempre: un cartel, un par de curvas, el lago que se deja ver entre los árboles. Y entonces pasa lo lógico: mucha gente la cruza en un par de horas y se queda con la idea de que ya la “hizo”. Pero el valle empieza cuando dejás de atravesarlo y aceptás una base, un punto de apoyo desde el que moverte sin apuro. No hace falta una épica: basta con bajarte, caminar un poco, parar en un río, mirar la sierra sin apurarte a convertirla en evidencia. En la práctica, esa puerta de entrada casi siempre tiene nombre propio.

Villa Carlos Paz suele ser el punto de entrada porque lo tiene todo: servicios, actividad y sencillez en cuanto a logística. También tiene un lago, una costanera y el ambiente de una típica ciudad turística que te encanta o te desagrada, dependiendo de tu estado de ánimo. Si buscás hacer senderismo, al menos al principio, las afueras de San Roque te ofrecen una primera toma de contacto con el paisaje montañoso sin complicaciones. Si preferís «ver qué hay por ahí», Carlos Paz tiene una mezcla de cafeterías, peatonales y vida nocturna que enamora a sus visitantes.

Para llegar a Punilla, mucha gente prefiere tomar el micro y luego hacer transbordos cortos con colectivos interurbanos. Tiene sentido: evitás conducir por sinuosas rutas serranas, estacionar en lugares difíciles y podés organizar una escapada rápida sin depender de un auto propio. Si planeas con anticipación, es una buena idea buscar pasajes a Carlos Paz y elegir un horario que te permita empezar temprano, ya que es mejor disfrutar de Punilla durante el día.

Icho Cruz y Cuesta Blanca tienen esa dinámica fluvial que te ayuda a medir el día: sombra, rocas, agua fría incluso cuando el sol pega fuerte. A veces solo se trata de parar junto al río, darse un chapuzón y continuar. Un poco más adelante está Mayu Sumaj y luego San Antonio, con un perfil similar, y luego el valle se extiende hacia zonas donde el paisaje se asemeja a una postal de una típica cordillera.

Hacia el norte, está La Falda y luego La Cumbre. Hay mucha más historia veraniega, muchas más casonas de otra época, muchos más paseos por los barrios. El clima es diferente. La Cumbre tiene el aire de un pueblo que se toma su tiempo. La Falda tiene el centro, los alrededores, los paseos. Si te gustan los miradores, las rutas de montaña y los caminos en donde podés parar y mirar a tu alrededor de vez en cuando, entonces esta zona te encantará.

Y si te interesa el lado más mundano de las cosas, Cosquín y Santa María de Punilla tienen una vida propia, aparte de su famoso nombre. No todo son festivales, ni mucho menos. Hay mercados, plazas, asadores y panaderías que están ahí para los locales, no solo para los turistas. 

Scroll al inicio