Entre pancartas que rescatan las historias de los desaparecidos y un fuerte reclamo contra el ajuste en las universidades, la movilización reafirmó el compromiso con la justicia y el «Nunca Más» en un contexto de creciente tensión política.
La jornada del 24 de marzo se vivió con una energía muy potente y una concurrencia masiva que los asistentes calificaron como fundamental ante la coyuntura actual. Desde la Universidad Nacional de Córdoba, específicamente la Facultad de Ciencias Sociales, la marcha tuvo un tinte de reivindicación y lucha: Roberto Martínez, trabajador del Archivo de la Memoria, relató cómo se organizaron para marchar con pancartas de estudiantes y docentes de Trabajo Social que fueron víctimas del terrorismo de estado, buscando hacer presentes a esos compañeros en las calles.
El clima de la movilización estuvo marcado por la preocupación ante los discursos que cuestionan las políticas de memoria y el número de desaparecidos. Algunos manifestantes señalaron que existe un intento de fomentar el miedo al poner en duda la cifra de los 30.400, aunque destacaron que el pueblo es consciente de lo ocurrido y no permitirá que la historia se repita. Asimismo, el sector docente, actualmente en plan de lucha, denunció ataques por parte del gobierno nacional hacia la educación pública, viendo en esta marcha una luz para afrontar los desafíos del año.
La presencia de jóvenes autoconvocados también fue un pilar de la jornada. «Me convoca la justicia y el sentimiento nacional de hacerte cargo de la historia», afirmó una joven de 25 años, quien, a pesar de no tener parientes desaparecidos directos, sostuvo que no hace falta parentesco para sentir el compromiso con la pelea actual por los derechos humanos. La marcha cerró como un espacio de encuentro generacional donde la memoria colectiva se presentó como la principal herramienta de resistencia.
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