El precio de los combustibles en Córdoba registró una fuerte escalada durante marzo, con entre 14 y 15 aumentos acumulados en lo que va del mes. Según confirmó Marisa Centenaro, titular de la FECAC, los incrementos alcanzaron entre el 10 y el 11% en las naftas y entre el 14 y el 15% en los productos diésel.
Actualmente, el litro de nafta en la ciudad se ubica en torno a los $2.162, aunque desde el sector advierten que se trata de un valor transitorio en un contexto de alta volatilidad. La dinámica de ajustes constantes responde, en gran medida, a factores internacionales vinculados al precio del petróleo, pero también a condiciones del mercado local.
Uno de los principales problemas que enfrentan las estaciones de servicio es el descalce financiero. La mayoría de las petroleras —con excepción de YPF— exige el pago del combustible antes de ser retirado de planta. Esto genera una fuerte presión sobre el flujo de caja de los estacioneros.
La situación se agrava cuando las ventas se realizan con tarjeta de crédito, ya que los montos se acreditan varios días después. En ese lapso, el precio del combustible puede haber aumentado nuevamente, lo que reduce el margen de rentabilidad o incluso genera pérdidas. Esta dificultad operativa se suma al contexto general de incertidumbre económica.
En paralelo, el impacto de las subas ya se refleja en el comportamiento de los consumidores. En las estaciones de servicio de Córdoba se observa un cambio claro en los hábitos de carga: los conductores dejaron de pedir “tanque lleno” y optan por cargar montos fijos de dinero. Esta tendencia busca amortiguar el impacto del aumento en el bolsillo, aunque también evidencia una caída en el poder adquisitivo.
Además, algunos usuarios espacian las cargas o eligen combustibles más económicos como estrategia para sostener el uso del vehículo. Si bien no se registra un abandono masivo del auto, sí hay un uso más racionalizado del consumo.
Desde el sector estacionero advierten que los aumentos en los combustibles tienen un efecto en cadena sobre toda la economía. El encarecimiento impacta directamente en los costos de transporte y logística, lo que luego se traslada a precios de alimentos, indumentaria, materias primas y otros bienes y servicios.
En este contexto, distintas consultoras privadas ya proyectan que la inflación de marzo podría superar el 3%, impulsada en parte por el incremento en los combustibles. La presión internacional también juega un rol determinante: el valor del crudo se mantiene elevado y genera tensión sobre los precios locales.
El escenario, además, se ve atravesado por la volatilidad del mercado energético global, lo que dificulta prever una estabilización en el corto plazo. Por el contrario, desde el sector no descartan nuevos ajustes en las próximas semanas.

