En una profunda reflexión por el Día de la Tierra, la referente Petty Saravia denuncia el maltrato al territorio impulsado por la ambición económica y reivindica la cosmovisión de los pueblos originarios como una herramienta vital de resistencia frente al despojo.
En el marco de las conmemoraciones por el Día de la Tierra, Petty Saravia invita a repensar nuestra relación con el territorio, señalando que hoy la tierra se encuentra maltratada, manipulada y mal cuidada debido a la ambición humana. Según Saravia, existe una contraposición fundamental de conceptos: mientras que para el sistema actual la tierra se ha transformado en una mercancía o una riqueza económica, para los pueblos originarios es la Pachamama, la «madre» y «dadora de vida».
La entrevista destaca una preocupación por la extracción desmedida de recursos, mencionando ejemplos como la explotación de tierras para tecnología y la amenaza sobre los glaciares. «Esta lógica extractivista no busca alimentar o dar vivienda a los necesitados, sino concentrar poder y ganancias para los gobiernos y grandes capitales, arrasando incluso con poblaciones que habitan los territorios desde tiempos inmemoriales» afirma Petty Saravia, referenta del Instituto de Culturas Aborígenes.
Un punto crítico en el desarrollo de esta problemática es el rol del sistema educativo. Saravia advierte que la escuela suele ser cómplice al no enseñar a amar la tierra, bajo la premisa de que no se puede amar lo que no se conoce. Esta falta de educación ambiental y cultural facilita que tanto niños como adultos vean el entorno solo a través del dinero, olvidando que la tierra es la proveedora de comida, casa y medicinas.
La realidad local en Córdoba también fue parte de la denuncia. Se mencionó el caso de la comunidad Las Tunas en Cosquín, donde el avance de las máquinas y empresas viales ha arrasado con lugares arqueológicos y cementerios sagrados. Para Saravia, estos actos son violaciones permanentes a la «madre» y reflejan una crisis que afecta a toda Latinoamérica.
Finalmente, la nota cierra con un mensaje de esperanza y lucha. A pesar de los siglos de atropellos, Saravia afirma que los pueblos originarios llevan 534 años de pie y resistiendo, con un corazón de maíz palpitando. El llamado es a no permanecer impávidos ante el desastre ambiental, pues son las generaciones futuras —hijos y nietos— quienes pagarán las consecuencias de la falta de cuidado del territorio actual.
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