A nueve años del primer 3 de junio, el movimiento feminista sigue denunciando la violencia sistemática y las fallas estatales, mientras nuevos casos como el de Agostina Vega en Córdoba exponen la urgencia de respuestas judiciales efectivas.
El movimiento Ni Una Menos surgió el 3 de junio de 2015, marcando un hito en la historia de los movimientos feministas en Argentina. El detonante de esta movilización masiva fue el femicidio de Kiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada por su novio en Santa Fe tras negarse a abortar. Desde aquel entonces, la consigna se transformó en una bandera colectiva para visibilizar una problemática histórica y sistemática que, según las estadísticas actuales, se cobra la vida de una mujer cada 31 horas en el país.
A pesar de los avances en la visibilización, la realidad actual en provincias como Córdoba demuestra que las deudas de la justicia persisten. Casos emblemáticos como el de Paola Acosta (2014) y el de Andrea Castana (2015) —este último aún sin resolución tras más de una década— reflejan la lentitud y las fallas en los procesos de reconstrucción de justicia para las familias. Recientemente, la conmoción ha vuelto a las calles cordobesas con el femicidio de Agostina Vega, una niña de 14 años cuya desaparición activó críticas hacia el sistema judicial por la negativa a activar de manera inmediata la Alerta Sofía.
El debate actual no solo se centra en la violencia física, sino también en la violencia institucional y mediática. Se denuncian criterios discriminatorios que dificultan el acceso a la justicia —como ocurrió en el caso de Elice Mamani, donde las barreras idiomáticas retrasaron la denuncia— y el tratamiento de los medios que muchas veces incurren en la revictimización y el desplazamiento de la culpa hacia las mujeres y sus familias.
Hoy, el grito de «Ni Una Menos» sigue siendo un llamado a la acción social y política. La lucha que comenzó por Kiara y que hoy continúa por Agostina, Paola, Andrea y tantas otras, reafirma que, mientras el Estado y la sociedad no logren saldar estas deudas, la movilización popular seguirá siendo la herramienta fundamental para exigir que ninguna mujer más sea víctima de la violencia machista.
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