El Querido Molinete revela los secretos detrás de agrupaciones icónicas como Loco Mía, Boney M y Milli Vanilli, donde los productores prefirieron el impacto visual sobre el talento vocal real.
En la industria musical, a menudo se dice que «una imagen vale más que mil palabras», y en el caso de ciertos éxitos globales, también ha valido más que las voces reales que los grabaron. Según relata Molinete, diversos productores se las ingeniaron para crear productos exitosos basándose en personajes atractivos que simplemente realizaban playback sobre grabaciones ajenas.
Uno de los casos destacados es el de Loco Mía. El productor del grupo buscó a cuatro jóvenes que encajaran perfectamente con los personajes, pero al descubrir que ninguno cantaba, se utilizaron otras voces para los coros. Incluso la voz grave que caracteriza a la banda fue grabada por el propio productor, mientras que el integrante de melena larga solo hacía la mímica frente a las cámaras.
Esta estrategia no era nueva. Frank Farian, productor de Boney M, aplicó una fórmula similar al grabar él mismo todas las voces masculinas del grupo. Aunque el intérprete que salía en televisión hacía una excelente mímica, la realidad quedaba al descubierto en las presentaciones en vivo, donde su voz natural no coincidía con la de las grabaciones.
El caso más extremo de esta práctica fue el de Milli Vanilli, también bajo la tutela de Farian. El productor contrató a dos modelos con una imagen impactante —trenzas y pelo largo— para ser la cara de canciones grabadas por otros artistas. Este engaño alcanzó dimensiones históricas cuando el dúo ganó un premio Grammy, el cual les fue retirado una vez que se supo la verdad, consagrándolos como «los reyes del playback».
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