Se trata de memorandos internos —conservados en el Archivo Provincial de la Memoria— que permiten reconstruir cómo se organizaban las tareas de espionaje, seguimiento y producción de inteligencia sobre estudiantes, docentes y autoridades universitarias.
Según explicó Solís, estos documentos confirman que la universidad era un espacio “mirado muy de cerca” por las fuerzas represivas, «no solo para identificar personas consideradas enemigos, sino también para anticipar posibles focos de activismo político», indicó.
En ese sentido, describió el funcionamiento de la denominada “comunidad informativa”, integrada por áreas de inteligencia del Ejército, la Fuerza Aérea, la Policía Federal y otros organismos, que compartían diagnósticos y estrategias de control.
Los memorandos revelan que existía un monitoreo constante sobre la vida universitaria: desde cambios de autoridades hasta el ingreso de nuevos estudiantes. En particular, se analizaba si había “normalidad” en el ámbito estudiantil o si existían riesgos de organización o resistencia.
Además, la investigadora señaló que las autoridades represivas prestaban especial atención a ciertas carreras y espacios, como la entonces Escuela de Ciencias de la Información, ante la posibilidad de que sus egresados se insertaran en medios de comunicación.
Otro de los aspectos destacados del estudio es la preocupación que generó en los organismos de inteligencia el paso de autoridades militares a civiles en la universidad a partir de 1977, por el temor a una eventual “infiltración” de sectores considerados subversivos.
Para Solís, el valor actual de estos documentos radica en que permiten comprender los procesos de construcción del “enemigo”, previos a la represión directa. «Antes de que alguien sea víctima de la represión estatal, hay una definición previa de quién es considerado una amenaza», explicó.
En esa línea, advirtió que estos mecanismos no eran estáticos, sino dinámicos: las fuerzas represivas iban redefiniendo constantemente a quiénes perseguir, en función del contexto y de las posibles formas de organización social y política.
Finalmente, la investigadora subrayó la importancia de analizar estos procesos desde la actualidad. «No porque el pasado se repita, sino porque puede ayudarnos a pensar problemas actuales y a estar atentos a cómo se construyen discursos que señalan enemigos dentro de la sociedad», concluyó.
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LA DESPENSA. Lunes a viernes de 9 a 12hs, con Emilia Calderón.

