29 Abr, 2020 | 0 Comentarios

A un año de la Beatificación de los Mártires Riojanos: Enrique, Gabriel, Carlos de Dios y Wenceslao

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Pastor, Poeta y Profeta,  “las 3P”  identificación que tomamos como ícono, de la mano del Padre Domingo Bresci que con mucha sencillez nos ayudaba a comprender y hacer presente la figura del Obispo Enrique Angelelli en los inicios de aquel 2019, año en que el Papa Francisco se pondría su propia Iglesia “al hombro” y elevaría a los “Altares”  no tan solo al Obispo sino también al sacerdote Gabriel, al hermano Carlos de Dios y al laico Wenceslao  como parte de una comunidad martirial que iba ser beatificada el 27 de Abril de ese mismo año.

La osadía de Francisco fue entender que el Pueblo Riojano de manera particular y el argentino de manera general ya habían reconocido la labor, el servicio a los más humildes, la predica, la denuncia profética y hasta el haber ofrecido sus vidas en defensa del Evangelio, solo faltaba que la Iglesia se sumara a tal reconocimiento. Y allí estuvo Francisco saldando una deuda de la Iglesia para con los propios compañeros mártires y su Pueblo.

Frente a esta realidad, dejamos de buscar la “clave Angelelli”, para ponernos en la búsqueda de la “clave de los mártires riojanos” porque el Papa Francisco nos iba marcando un camino en esa búsqueda, nos invitaba a pensar que el martirio y la beatificación no fue una cuestión individual sino más bien comunitaria y colectiva. Vale decir que Francisco hace un reconocimiento a la Pastoral Riojana de la época, a una forma de construir la Iglesia, aquella que está siempre al lado de su Pueblo especialmente de los que más sufren.

Poner un oído en el Pueblo y el otro en el evangelio, graficó claramente la relación entre el compromiso social y la fe. Esta relación entre Pueblo y Evangelio, entre la realidad de explotación pueblo  y denuncia profética y evangélica del Pastor.  Quizás fue la filosofía que encarno el pueblo riojano y su iglesia, que enriqueció su religiosidad pero a la vez fue el cóctel suficiente para que el odio al Evangelio y las enseñanzas de Jesús tomaran vigor y “sed de matar”. Podrán callar la voz del sacerdote, del Obispo pero nunca la voz del Evangelio, mensaje que siempre va a sonar y retumbar a la hora de recordar a nuestros mártires.

El padre Eduardo Farrel, integrante del espacio Misioneros de Francisco nos decía «entregaron su vida, dieron su vida, siguieron la lógica cristiana que es la donación y no la acumulación». Vale la pena recordarlos con alegría y no olvidar nunca este testimonio que los llevo al martirio.

Para finalizar, nos sumamos a la alegría expresada por el padre Eduardo  afirmamos que recordar nuestros Mártires significa “seguir andando” el camino que ellos nos marcaron, atentos a los signos de la historia y animados por la esperanza de un mañana mejor

Dice el poeta…. en el alma del pueblo late un recuerdo tenaz, sus nombres como bandera de la justicia y la paz.

*Por Daniel «Quebracho» Rivera. Referente del Mov. Carlos Mugica y UTEP.

Imagen gentileza Vatican News

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