Tras 15 días de intensos conflictos, los bloqueos de caminos liderados por sectores sociales y seguidores de Evo Morales paralizan puntos estratégicos del país, generando falta de alimentos en las ciudades y una creciente presión por la renuncia del Ejecutivo.
La situación en Bolivia ha alcanzado un punto crítico tras más de dos semanas de disturbios y enfrentamientos que afectan principalmente a las ciudades de La Paz y El Alto. Según Alfredo Chuquinia, residente boliviano con contacto directo en la región, la crisis actual es el reflejo de un profundo malestar político, social y económico que no es ajeno a la realidad de otros países de la región.
El principal método de protesta han sido los bloqueos de rutas, una táctica que Chuquinia atribuye históricamente al expresidente Evo Morales. Actualmente, estos cortes de caminos están concentrados en puntos neurálgicos y son ejecutados por grupos como los «Ponchos Rojos» (pueblos originarios afines a Morales) y la Central Obrera Boliviana (COB), integrada mayoritariamente por mineros. Esta parálisis vial ha aislado a la sede de gobierno, provocando que la población en La Paz sufra una grave escasez de alimentos, ya que los suministros provenientes de regiones como Cochabamba, Tarija u Oruro no logran llegar a su destino.
El trasfondo político se ve enturbiado por la situación judicial de Evo Morales, quien se encuentra en la región del Chapare mientras es buscado por la justicia bajo acusaciones de violación de una menor. En las calles, las demandas de los manifestantes se han radicalizado: exigen la renuncia del presidente y el vicepresidente, así como la convocatoria a nuevas elecciones.
Por su parte, el gobierno mantiene una postura de «tensa calma», evitando el choque directo con los bloqueadores para no incrementar la violencia, a pesar de que ya se han reportado al menos dos muertes de personas que no pudieron recibir atención médica oportuna debido a las rutas intransitables. Mientras tanto, la salida más urgente parece ser el establecimiento de mesas de diálogo para evitar que el desabastecimiento y el caos social sigan escalando.
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