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De la economía de mercado a la economía regenerativa

En un modelo en crisis, con panoramas inciertos, la búsqueda de formas alternativas de organización del trabajo encuentran respuesta en el cooperativismo.*

Por Cr. Miranda Dante Javier – Equipo Otra Córdoba

Más que “el lento y agónico agotamiento del modelo económico” Neoliberal, lo que comenzó a quedar al descubierto es la gran magnitud de la Crisis del Modelo Civilizatorio Capitalista. El modelo civilizatorio capitalista implica las democracias burguesas surgidas a partir de la Revolución Francesa y el Constitucionalismo EE.UU, el modelo productivo surgido a partir de la I Revolución Industrial y la constitución de los Estados Nación; que es todo lo que está en crisis: democracias, modelo productivo y soberanías nacionales. Lo que se ha dado en llamar a esta era “Antropoceno”: un término que se ha creado para designar las repercusiones que tienen en el clima y la biodiversidad, tanto la rápida acumulación de gases de efecto de invernadero como los daños irreversibles ocasionados por el consumo excesivo de recursos naturales.

La pandemia iniciada en el 2020 tomó por sorpresa al sistema económico mundial: paralizó economías enteras en cuestión de días y por lapsos de meses. El mercado del dinero generó polarizaciones muy marcadas; arrojó millones de pérdidas diarias y acumulaciones concentradas de dinero en manos de unos pocos. Además expulsó trabajadores de la economía formal y desnudó un modelo civilizatorio capitalista, que desde el inicio de la globalización muestra signos de un lento y agónico agotamiento.

No solo el PBI se redujo en la mayoría de los países, con una incidencia aún peor en las naciones en subdesarrollo, sino que trajo consigo un hartazgo social hacia un sistema económico donde un sector reducido de la humanidad concentra la mayor cantidad de riquezas y poder. En esa línea, varios economistas, entre ellos el premio Nobel de Economía, alertaba en el año 2021:

«Los países asumieron medidas para resucitar la economía y los problemas económicos que arrasaron con las finanzas públicas, entonces muchos países en América Latina tienen un nivel de deuda o resaca que no es sustentable ni sostenible. La arquitectura internacional no fue diseñada de formas de permitir a los países gestionar esta estructura y reestructurar esta deuda. Y si las acciones adecuadas no se toman, estos países van a sufrir y mucho» (Stiglitz, s.f.)

Entonces, ¿es posible salvar la economía en las democracias actuales, donde el poder económico es tan o más poderoso que el poder político?. La historia nos ha demostrado que los procesos no se producen aisladamente en ninguna parte del globo y que cada acción política, económica o social tiene su consecuente reacción en otro plano. Los procesos democráticos se quedaron cortos al no haber generado las condiciones necesarias para que el poder económico, en complicidad con el poder judicial y mediático, no se trague al poder político.

La estrategia es clara en todo el Cono Sur: persecución, enjuiciamiento, destrucción de procesos políticos, desprestigios de políticos y políticas, y por último el vaciamiento de las discusiones políticas y coyunturales. No queda otro remedio para las economías de todo el mundo que replantearse el concepto y el funcionamiento de las democracias parlamentarias, la división de poderes y, por supuesto, el rol del Estado.

El achicamiento de las desigualdades entre los sectores más bajos y los más altos se debe hacer de una forma, rápida y eficaz: redistribuir lo que tienen los escalafones más altos a los más bajos, y de esta forma seguramente no sólo sea más equitativa la torta, sino mucho más grande. Ya no se trata de ni de igualdad de resultados ni de oportunidades, sino de derechos políticos en las actuales democracias. Es entonces, que aparece un concepto del cual se empieza a hablar: la Economía Regenerativa.

“Si la economía no sirve a la mayoría de los ciudadanos, será una economía fallida. Por eso, las cooperativas son el mejor modelo socioeconómico para enfrentar la próxima década. Las cooperativas son la única alternativa frente al modelo económico fundado en el egoísmo y la desigualdad” (Stiglitz, 2016)

La economía regenerativa es el sistema económico que integra la economía circular; que se basa en un modelo de producción ecoamigable, reutilizando, renovando y reciclando recursos para inyectarles un nuevo valor y extender el ciclo de vida de los mismos, en simbiosis con el medio ambiente.

Cuando el libre mercado excluye a una gran proporción de trabajadores y trabajadoras, la economía regenerativa busca mediante una forma asociativa (cooperativas, asociaciones, fundaciones, etc) formar ese recurso humano dentro de buenas prácticas ambientales para insertarlas en el mercado laboral, cuidando el bienestar de la persona de manera integral. Cuando el capitalismo no genera más puestos de trabajo debido a un agotamiento de modelo, la economía regenerativa no solo los genera, sino que también empieza a tener una relevancia en la producción de bienes y servicios.

En Argentina, las cooperativas explicaban el 10% del PBI en el año 2011, pasando al 15% del PBI del año 2021, mostrando un marcado crecimiento pero a una velocidad moderada, con una generación de empleos directos de 193.760 empleos y de 17.818.197 personas adheridas a cooperativas. Como respuesta a esta cultura capitalista defectuosa es que se crean las estructuras de la economía social por necesidad y no por convicción, convirtiéndose en el ala esencial del campo económico, social y productivo del país. MAPEO COOPERATIVO: DATOS ESTADÍSTICOS

INFORME NACIONAL: ARGENTINA
PROGRAMA ACI-UE 2020

El trabajo cooperativo desde dentro

Héctor Acevedo es delegado territorial de INAES en Córdoba, cuando fue consultado por este medio destacó el crecimiento del cooperativismo como modelo de producción y organización de trabajo, en un mundo con un panorama incierto.

“Permitir el acceso a bienes y servicios de la población en general mediante otro tipo de economía no es ya contener a los rezagados, sino plantear una alternativa al modelo económico capitalista, a través de un proyecto social en términos de inclusión para y por las diversidades; de distribución, de participación y de contención social”.

El desafío continúa siendo sostener los espacios que inciden de manera positiva en el desarrollo de la vida de las comunidades, brindando respuesta a sus necesidades.

“Creo que una de las condiciones para continuar con el crecimiento del sector es posibilitar que las empresas cooperativas, de la economía social y popular, que ya tiene una probada capacidad, tengan la misma consideración que tienen las empresas que operan en el mercado”.

En este sentido señaló nuevamente la principal diferencia que se destaca del cooperativismo frente a modelos empresariales: el rol social. La energía eléctrica es una realidad hasta en el poblado más alejado de las grandes ciudades de Córdoba gracias a cooperativas que proveen el servicio, sin priorizar el aspecto económico sobre las necesidades sociales. 

”Hoy, un desafío importante para poder mantenerse en actividad, viene de la necesidad de articular en los territorios, en las comunidades, para que puedan impulsarse mutuamente. Así, se dan respuestas a las necesidades de trabajo y al acceso a los bienes elementales que garantizan la vida”.

Por último, el delegado de INAES, señaló otro aspecto esencial que tienen las cooperativas: entender el valor del trabajo; no sólo en términos de salario, como conceptualizan las instituciones que representan al modelo capitalista salvaje y mediocre. “En las cooperativas, se entiende el trabajo como un organizador de la comunidad y de la ciudadanía, de la vida tanto personal como social”. 

Últimas conclusiones

La búsqueda del bienestar del pueblo es una tarea colectiva, donde estas formas asociativas, alternativas a lo que ofrece el libre mercado, tienen que ser el pilar de un nuevo sistema económico.

Es necesario para esta construcción un Estado presente, que fomente la creación de las mismas, involucrándolas cada vez más en la gestión estatal, mediante formaciones, convenios de trabajo y accesibilidad a licitaciones, creando mercados circulares y regionales cooperativos, promoviendo no sólo su desarrollo en la economía interna del país, sino siendo un actor fundamental en el ingreso de divisas mediante exportaciones.

Héctor Acevedo agrega que: “Incluso debe brindarse un tratamiento favorable en relación a otras instituciones económicas ya que además de garantizar el acceso a bienes y servicios, garantiza las condiciones, el valor y el reconocimiento del trabajo”.

Las cooperativas no sólo son una unidad de negocio que abraza a los excluidos del sistema capitalista, sino que son unidades altamente eficientes, por su propia gestión horizontal, con capacidad de compartir experiencias y saberes con sus pares, cuestión no menor para un desarrollo productivo eficiente y superador.

La búsqueda del bienestar social, generando empleos capacitados, que puedan eventualmente migrar hacia sectores ajenos al cooperativismo, debido a su gran capacidad de adaptación; la creación de conciencia social y de trabajo solidario, mejorando el goce y disfrute de la tarea laboral y agregando calidad de vida a sus participantes; el cuidando de su salud física y mental pudiendo readecuar jornadas y formas de trabajo; el cuidado del ambiente y a su vez educando en la economía circular; creando unidades cooperativas más grandes a fin de mejorar la competitividad hacia mercados externos; siendo referentes en la manufactura de productos e insumos nacionales y en la fijación de precios de mercado.

Otra economía es posible. Otra economía con el bienestar de todos y todas.

*Artículo publicado originalmente en El Resaltador.