La visita de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, a Vaca Muerta junto al ministro de Economía, Luis Caputo, dejó fuertes definiciones y abrió un nuevo debate sobre la relación entre el organismo internacional y la Argentina. Para el economista, docente de la Universidad Nacional de Córdoba y consultor de empresas de la economía social, Eduardo González Olguín, la presencia de la titular del FMI expone un nivel de injerencia política que antes se buscaba disimular. “Es una visita donde ya ni siquiera se intenta ocultar la dependencia. Cuando la directora del Fondo Monetario aparece junto al jefe del Gabinete económico, queda claro que el organismo no solo presta dinero, sino que monitorea e impone políticas”, afirmó.
El economista recordó que la recorrida se dio mientras en Plaza de Mayo se desarrollaban manifestaciones contra el FMI y que, dentro del Ministerio de Economía, trabajadores estatales exhibían carteles denunciando el deterioro de los salarios públicos desde el acuerdo firmado durante el gobierno de Mauricio Macri.
Según González Olguín, muchas veces la sociedad percibe al Fondo Monetario como un actor lejano, cuando en realidad sus decisiones tienen consecuencias directas sobre la vida cotidiana. “El Fondo Monetario busca garantizar que la Argentina le pague la deuda y también que pueda responder a los acreedores privados. Por eso le preocupa la recaudación y condiciona la política económica”, explicó.
En ese sentido, señaló que el organismo insiste en ampliar el empleo formal para aumentar la cantidad de trabajadores que tributan impuestos y también en fortalecer la recaudación proveniente de las pequeñas y medianas empresas. “Para el Fondo es fundamental que haya más trabajadores registrados y más personas pagando Impuesto a las Ganancias. También plantea fortalecer a las pymes porque eso mejora la capacidad de recaudación del Estado”, indicó.
A su vez, destacó que Georgieva dejó entrever algunas diferencias con la estrategia económica del Gobierno nacional, especialmente en materia de infraestructura, atraso cambiario e inflación. “La propia directora del FMI planteó la necesidad de mejorar las rutas, es decir, de volver a invertir en obra pública. También dejó entrever que existe atraso cambiario y el Fondo ya había cuestionado tanto el supuesto superávit fiscal como la forma en que se mide la inflación”, sostuvo.
Para González Olguín, la verdadera discusión es política antes que económica. “Cuando se canceló la deuda con el Fondo Monetario en su momento no se hizo solamente una operación económica, sino una operación política: dejar de estar sometidos a las condiciones que impone el organismo. Hoy volvemos a esa situación de dependencia”, expresó.
Vaca Muerta y el desafío de convertir los recursos en desarrollo
Consultado sobre el rol de Vaca Muerta, el economista reconoció su enorme potencial para generar divisas, incluso por encima del complejo agroexportador, aunque advirtió que el problema aparece cuando esas ganancias terminan saliendo del país. “Cuando uno observa únicamente las exportaciones parece un gran negocio. Pero si analiza el balance de pagos descubre que gran parte de esas ganancias se fugan al exterior y el resultado termina siendo deficitario”, explicó.
Como ejemplo, mencionó el caso de Noruega, donde la renta petrolera fue utilizada para fortalecer el desarrollo industrial y conformar un fondo soberano destinado al futuro. “Noruega utilizó los ingresos del petróleo para desarrollar su industria y generar un fondo para cuando ese recurso se agote. En la Argentina eso no ocurre. Si la renta de Vaca Muerta no se utiliza para fortalecer la industria nacional y continúa fugándose, esa oportunidad puede terminar convirtiéndose en una nueva frustración”, concluyó.
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LA DESPENSA. Lunes a viernes de 9 a 12hs, con Emilia Calderón.

