A casi cinco décadas del golpe de Estado de 1976, la memoria social sobre la última dictadura cívico-militar mantiene un fuerte consenso crítico en la Argentina. Así lo señala un estudio realizado por la Universidad de Buenos Aires y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que indica que siete de cada diez personas tienen una valoración negativa de ese período histórico.
El trabajo, titulado “Miradas retrospectivas sobre la dictadura argentina: 50 años después”, analizó cómo la sociedad recuerda e interpreta los años del terrorismo de Estado. La investigación incluyó una encuesta nacional realizada a 1.136 personas y ocho grupos focales, con el objetivo de estudiar cómo se transmitieron esas memorias entre distintas generaciones.
Entre los resultados principales, el 71% de los encuestados calificó a la dictadura como un período “muy malo” o “malo”. En la misma línea, el 63% consideró que el golpe militar que dio inicio al autodenominado Proceso de Reorganización Nacional no tuvo motivos que lo justificaran.
Además, más del 60% de las personas consultadas interpretó que entre 1976 y 1983 se desarrolló principalmente un plan sistemático de desaparición de personas y graves violaciones a los derechos humanos. El consenso también se refleja en el respaldo a los procesos judiciales: el 70% se manifestó de acuerdo con que continúen los juicios contra los responsables de crímenes de lesa humanidad impulsados por el Estado y los organismos de derechos humanos.
Persistencia de interpretaciones en disputa
A pesar del amplio rechazo social, el estudio también detectó matices y tensiones en la memoria colectiva. Un 32% de los encuestados sostuvo que durante esos años existió “un gobierno que encaró una lucha contra el terrorismo en la que pudo haber habido excesos”.
Para los investigadores, este dato evidencia la persistencia de interpretaciones asociadas a la llamada Teoría de los dos demonios, una narrativa que todavía aparece en el debate público sobre ese período.
Las diferencias también se reflejan al identificar a los responsables del quiebre institucional de 1976. Mientras el 39% señaló directamente a la Junta Militar, otros consultados distribuyeron responsabilidades entre distintos actores. El 16% mencionó a organizaciones guerrilleras como Montoneros, el 13% al gobierno de Isabel Perón, el 8% a la situación económica y el 7% a Estados Unidos. Otros señalaron a los políticos en general (6%) y a la Iglesia católica (1%), mientras que un 10% no respondió.
Según los autores del informe, los resultados muestran que “la condena a la dictadura constituye un piso compartido en la sociedad”, aunque advierten que la transmisión intergeneracional de la memoria continúa siendo clave para evitar relativizaciones o discursos negacionistas.
La escuela como principal espacio de memoria
El estudio también analizó cómo las personas adquirieron conocimiento sobre lo ocurrido entre 1976 y 1983. Siete de cada diez encuestados afirmaron saber mucho o algo sobre ese período.
El sistema educativo aparece como el principal canal de transmisión: el 44% señaló haber aprendido sobre la dictadura en la escuela o la universidad. En segundo lugar se ubicaron las conversaciones con familiares y amigos, mencionadas por el 30%.
Otros espacios también influyen, aunque en menor medida. Las noticias y programas especiales en medios de comunicación representaron el 10%, mientras que series, películas, libros o música alcanzaron el 6%. Las actividades impulsadas por organismos de derechos humanos y las iniciativas gubernamentales fueron mencionadas por el 3% en cada caso, y las redes sociales por el 1%.
El informe también indica que la experiencia directa con víctimas del terrorismo de Estado es minoritaria: tres de cada diez personas dijeron tener un familiar, amigo o conocido que sufrió la represión.
Sin embargo, los investigadores subrayaron que ese vínculo personal tiene un impacto significativo en la construcción de la memoria social. Según señalaron, cuando existe una relación directa con víctimas “las posiciones suelen ser más firmes y se reconoce con mayor claridad el carácter sistemático del terrorismo de Estado”.
Las palabras que organizan el recuerdo
La encuesta también exploró los términos que la sociedad asocia con ese período histórico. Las palabras que aparecieron con mayor frecuencia fueron “desaparecidos”, “represión” y “violencia”.
Para los autores del informe, estos resultados muestran que, a casi 50 años del golpe de Estado de 1976, el lenguaje de los derechos humanos continúa estructurando la forma en que la sociedad argentina recuerda y nombra su pasado reciente.

