Con más de 50 años radicado en Córdoba, el artista salteño reflexionó sobre su trayectoria, su labor docente en institutos de menores y la importancia de la educación como herramienta de salvación para los sectores más vulnerables.
En «Parada 103», el reconocido poeta, cantautor y compositor Hugo “Puma” Rivella compartió detalles de su extensa vida dedicada al arte y al compromiso social. Aunque llegó a Córdoba en 1966 para estudiar medicina, su camino derivó hacia el periodismo y, fundamentalmente, hacia la docencia en el Centro de Reorientación del Menor (CROM), donde trabajó hasta su jubilación. Esta experiencia, según relata, le permitió conocer a otra Córdoba y aprender de la resiliencia en contextos de dolor.
Durante la charla, Rivella compartió anécdotas conmovedoras que marcaron su visión del mundo. Recordó, por ejemplo, el encuentro fortuito en una cárcel de Mendoza con un exalumno del CROM, quien lo reconoció por la voz después de 40 años para confesarle, entre lágrimas, un pequeño acto de rebeldía del pasado: haberle arrancado hojas a un libro de Almafuerte porque estaba enamorado. Para el poeta, estas vivencias refuerzan su postura contra la estigmatización de la juventud y la necesidad de entender antes que acusar.
El artista también hizo hincapié en el estudio como el único motor de ascenso social, recordando su propia infancia de pobreza en la que su madre hacía empanadas para que él pudiera estudiar. «A nosotros nos salva el estudio», afirmó, lamentando las dificultades económicas actuales que impiden a muchas familias acceder a la universidad.
En la actualidad, Rivella continúa su labor creativa con obras como el libro de poemas para niños «Caballito de escarcha», ilustrado por su esposa Tina, y su antología personal «Poemas para quebrar la sombra». Su obra musical también sigue vigente; recientemente, el Chango Spasiuk grabó su premiada composición «Campanita de palo«, una canción que, en palabras del autor, representa la voz de los que vienen de abajo y la lucha por la libertad.
Finalmente, el poeta defendió el rol del arte frente a los intentos de inmovilizar la palabra y desmemoriar a la sociedad. «Quien se apodera de la palabra se apodera de la memoria y del futuro», concluyó Rivella, reafirmando que su poesía es una herramienta para resistir y seguir mirando hacia adelante.
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