¿La escuela en crisis? movimientos populares y política educativa

Desde hace tiempo diversas corrientes pedagógicas anuncian lo que denominan «la crisis de la institución escolar». Para estas posturas y frente a los desafíos que nos ofrece la posmodernidad, la escuela se encuentra inmersa en una realidad en transformación que la obliga a adaptarse a los vertiginosos cambios tecnológicos, ideológicos y generacionales que impone nuestro tiempo. Ahora ¿Cuál es la situación de la escuela en Argentina? ¿Qué importancia tiene la política educativa para hacer frente a estos cambios? ¿En que sentido lo social y lo educativo deben fusionarse?

Desde la publicación de «Didáctica magna» (1657), por el checo Juan Comenio  impulsor de la escuela moderna bajo los postulados del racionalismo, hasta nuestros días, existe un abismo no solo temporal sino en torno al conjunto de modificaciones que se aplican tanto a las formas de enseñar y aprender, pero principalmente, a la relación que la institución escolar mantiene con el Estado y la sociedad. Lejos de encontrarnos frente a un escenario de universalización de los contenidos y de «formación» de ciudadanía bajo los parámetros de la igualdad en el acceso a la educación (período de despegue iniciado por Sarmiento y la generación del 80), la realidad argentina nos ofrece un panorama muy diferente que debe ser abordado desde una diversidad de perspectivas analíticas.

La escuela entre el 2003 y el 2015

Si comenzamos por ubicarnos en nuestra historia reciente, sin dudas, no podemos eludir la exitosas década que en términos de inversión en materia educativa tuvo lugar en la argentina entre los años 2003 y 2015, no solo por la cantidad de recursos destinados a la educación sino principalmente por la sanción de una serie de leyes fundamentales para la reestructuración del sistema educativo luego de la crisis del 2001. Desde la ley 25.864 de los 180 días ablgatorios de clase (2004), pasando por la ley de Fondo Nacional de incentivo docente 25.919 (2004), Educación Técnico Profesional (2005), Financiamiento Educativo (2005), Programa de Educación Sexual y Reproductiva hasta la mas relevante de Educación Nacional 26.206 del año 2006, el sistema educativo argentino se vio inmerso en un proceso crecimiento tanto en materia de presentimos (principalmente por la aplicación de la AUH, el Progresar y las becas bicentenario, entre otros incentivos económicos) como en el mejoramiento de la calidad educativa a través de programas como «Conectar igualdad».

Ahora, si bien es loable dar cuenta del importante avance en materia presupuestaria, en este período el problema de la crisis de la escuela no fue abordado en su complejidad ni mucho menos resuelto, puesto que existen una serie de aspectos involucrados en la educación escolar asociados a la diversidad de matrices de aprendizaje que confluyen en las aulas, muchas veces atravesadas por problemáticas complejas como lo son la exclusión social, la pobreza, la violencia, entre otras variables que impactan directamente en la forma de enseñar y que obligan a replantear los fines del sistema educativo escolar y su utilidad para la formación de ciudadanos autónomos. En este sentido el problema demanda soluciones de otra índole, asociadas éstas, a una revalorización de los ámbitos no formales de educación entre ellos: apoyos escolares barriales, comedores comunitarios y centros de participación vecinal donde se aborden las dificultades de las familias en concreto y de forma interdisciplinaria, para dejar de lado la vieja idea que entiende a la escuela como un lugar aislado del contexto socio-cultural que la rodea.

La educación durante el Macrismo

La «gerencia de recursos humanos» que el ex ministro Bulrich llevo adelante a cargo de la cartera de Educación y Deportes fundamentalmente en áreas cómo políticas socioeducativas, evaluación, formación docente y nuevas tecnologías, dejo como saldo una reducción importante en la inversión educativa que el estado nacional venía realizando con miras a dinamizar el sistema. A partir del decreto 13 mas conocido como Ley de Ministerios, se creo el Ministerio de Educación “y Deportes” basado en las Leyes del menemismo y que desconocía las normas posteriores: la Ley de Financiamiento Educativo y la Ley de EducaciónNacional, se volvió a bajar el presupuesto educativo del 6 al 3 %, se dejo la antigua estructura de EGB y Polimodal, se suspendió la obligatoriedad de la sala de 5 años y la secundaria completa, ademas de eliminarse las paritarias docentes y las escuelas técnicas. Estas modificaciones tuvieron consecuencias catastróficas para la escuela pública, las mismas produjeron movilizaciones y protestas sucesivas en todo el país en contra del ajuste presupuestario, la suspensión de la paritaria docente y pedidos de mejoras edilicias. Quizá el caso emblemáticamente trágico que resume este período, sea el de la muerte de la vicedirectora y el auxiliar de la primaria N°49 Nicolas Avellaneda de la localidad de Moreno, Sandra Calamano y Rubén Rodrígues.

La reforma estructural operada en los años del gobierno de Cambiemos si bien no desconoció la importancia de la educación como motor del desarrollo humano y personal, la impronta de quienes pueden o deben acceder a la educación se encontró supeditada a la posición economica que se ostenta dentro del orden social, pues cómo dejaron en claro las palabras de la ex gobernadora de la provincia de Buenos Aires María Eugenia Vidal: «nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad«, vale decir, la educación más que un derecho que debe ser garantizado por el Estado, para este sector ideológico comporta un privilegio al que tienen acceso aquellas personas que pueden pagarla o quienes pueden escapar a la desdicha de «caer en la escuela pública».

¿Nuevos paradigmas de la educación?: los movimientos populares en la política educativa

Con aires de recuperar la inversión en educación, el nuevo gobierno de Alberto Fernández que ya comenzó con abrir la paritaria docente derogada por decreto en el año 2018 durante el gobierno de Mauricio Macri, deja abierto el camino a otro posible ciclo virtuoso en la educación argentina tan vapuleada durante los años de neoliberalísmo. Aunque se trate de una proceso arduo, en la medida que las cuentas públicas se encuentran supeditadas a la negociación de la deuda externa, algunos anuncios dan cuenta de posibles cambios sustanciales. Uno de los más importantes quizá, no tenga que ver directamente con la educación, estamos hablando del programa Argentina contra el hambre que busca consolidar el vínculo entre  el Estado, las empresas y las organizaciones de la economía popular para bajar los precios de la canasta básica y aplicar una política alimentaria federal. Este programa ya cuenta con correlatos directos en las provincias que han empezado a percibir tarjetas alimentarias, y en el caso de Córdoba al articular mediante una serie de convenios firmados en febrero con los ejecutivos locales (municipal y provincial), está en marcha la remodelación y puesta punto de escuelas y centros educativos provinciales con miras a producir trabajo que de a poco saque de la marginalidad a sectores de la economía informal.

Si bien la educación es un tema de interés, para algunos sectores es de suma importancia, pues para estos, la crisis de la escuela no es más que su miopía para percibir el conjunto de desigualdades que desgarran la posibilidad de acceso al conocimiento, pero también su dificultad para adaptarse a contextos sociales sumamente complejos determinados por la marginalidad, la violencia y la falta de oportunidades. No basta con inversión si no es con capacitación, tampoco es útil el vaciamiento de recursos, aunque si es sumamente relevante un Estado presente que entienda y sea sensible ante la realidad que se vive en nuestros barrios, lugar desde donde salen nuestros niños y nuestros maestros. En definitiva sin resolver el problema del hambre y la exclusión resulta imposible dar respuestas a la crisis de la escuela, espacio educativo de singular importancia para humanizar y construir procesos de conciencia que garanticen un pleno acceso a la dignidad del saber.