Las amenazas sobre Groenlandia: ¿Error de Trump o intereses ocultos?

En una nueva columna, Mariano Saravia analiza el panorama internacional y las últimas acciones de Donald Trump. ¿Puede Groenlandia dejar de pertenecer a Dinamarca y transformarse en territorio estadounidense?
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La velocidad de los acontecimientos internacionales vuelve cada vez más difícil tomar real conciencia del tiempo político. En apenas diez días, Estados Unidos pasó de atacar a Venezuela y secuestrar a su presidente a lanzar amenazas contra Colombia, México y Cuba. En los últimos días, la advertencia fue dirigida a la República Islámica de Irán. Y ahora, de manera casi abrupta, irrumpe un nuevo foco en la agenda global: Groenlandia.

La administración de Donald Trump avanza con una retórica cada vez más agresiva sobre el territorio que pertenece a Dinamarca. En el Congreso de Estados Unidos ya se presentó un proyecto de ley para anexar Groenlandia, impulsado por sectores del Partido Republicano. Incluso el propio Trump fue explícito al afirmar que “harán algo respecto a Groenlandia, les guste o no”, reforzando el mensaje a través de sus redes sociales con advertencias que rápidamente se viralizaron.

La pregunta que se impone es hasta dónde puede escalar esta ofensiva. ¿Está realmente Estados Unidos dispuesto a convertir a Groenlandia en su estado número 51? Resulta llamativo si se tiene en cuenta que Puerto Rico, bajo dominio estadounidense desde hace más de un siglo, sigue siendo una colonia y nunca fue incorporado como estado, pese a promesas históricas.

El conflicto abre un interrogante aún más profundo: ¿qué sentido estratégico tiene enfrentarse a aliados históricos? Una cosa es la confrontación con países como Venezuela, Irán, China o Rusia, desde una lógica ideológica o geopolítica. Otra muy distinta es chocar de frente con Dinamarca y, por extensión, con la Unión Europea. Un movimiento de ese tipo implicaría, en los hechos, una ruptura de la OTAN.

Si el argumento es la seguridad frente a Rusia o China, la lógica indicaría fortalecer la alianza atlántica, no debilitarla. Dinamarca y Europa han sido aliados leales de Estados Unidos durante décadas. Basta recordar que Dinamarca fue uno de los países que más soldados aportó a la invasión a Afganistán, con un alto costo humano.

Surge entonces la duda sobre las verdaderas motivaciones detrás de esta avanzada. ¿Hay intereses económicos de fondo orientados a debilitar a Europa? ¿O se trata simplemente de errores estratégicos? Incluso para quien se asume como el “matón del barrio”, pelearse con todos al mismo tiempo —y también con los amigos— parece una decisión desacertada.

Además, desde el punto de vista práctico, la anexión de Groenlandia por vías legales es casi imposible en el corto plazo. Dinamarca no puede vender el territorio de manera directa: primero debería producirse la independencia de Groenlandia y recién después un eventual proceso de incorporación a Estados Unidos. En ese escenario, la única alternativa que queda es el uso de la fuerza.

La situación plantea, entonces, un dilema inquietante. O se trata de un error de cálculo grave, o existen razones que van más allá de la geopolítica tradicional y que todavía no terminan de quedar a la vista. Mientras tanto, el tablero internacional se vuelve cada vez más inestable.

Escuchá la columna completa con Mariano Saravia acá:

LA DESPENSA. Lunes a viernes de 9 a 12hs, con Emilia Calderón.

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