Tolcachier señaló que este tipo de acontecimientos suelen tener un fuerte impacto mediático, pero escasa incidencia estructural. «La muerte de un jefe narco no resuelve el problema del narcotráfico», sostuvo, y advirtió que la estrategia basada exclusivamente en la represión ya demostró sus límites.
En ese sentido, recordó la política de combate frontal al narcotráfico impulsada durante la presidencia de Felipe Calderón, anterior al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que dejó altos niveles de violencia sin desarticular el negocio. «No se atacan las raíces del problema, sino que simplemente se eliminan algunos síntomas», explicó.
El investigador anticipó que tras la muerte del líder criminal podría abrirse una disputa interna por el control territorial, similar a lo ocurrido en otras épocas con mafias históricas. «Probablemente se produzca una fragmentación y distintos jefes asuman el poder en diferentes regiones», comparó, evocando incluso la etapa de Al Capone en Estados Unidos.
Para Tolcachier, el narcotráfico es un fenómeno multinacional cuyo epicentro está vinculado tanto a México como al alto consumo de estupefacientes en Estados Unidos. Tras el operativo, se registraron bloqueos de rutas y demostraciones de fuerza por parte de organizaciones delictivas. Sin embargo, el analista llamó a tomar con cautela la información que circula en medios y redes sociales.
Más allá del caso mexicano, Tolcachier enmarcó el escenario dentro de un contexto geopolítico más amplio. Sostuvo que la actual política exterior estadounidense responde a una pérdida de hegemonía frente al avance de potencias como China y Rusia en el marco de los BRICS. Según su mirada, las amenazas comerciales, los bloqueos y las presiones diplomáticas no consolidan liderazgo duradero. «No se conquista la adhesión de los pueblos mediante la represión», afirmó, y consideró que el mundo avanza hacia un esquema multipolar.
Consultado sobre la realidad latinoamericana, el investigador describió una región fragmentada, sin una estrategia común de integración y con fuertes tensiones internas. Mencionó las situaciones políticas en Perú, Chile, Brasil y Argentina como ejemplos de inestabilidad y cambios de ciclo.
En el caso peruano, contextualizó la actual transición presidencial dentro de la crisis que siguió a la destitución de Pedro Castillo. Señaló que el sistema político del país atraviesa un proceso de profunda fragmentación, con múltiples candidaturas y escasa representación sólida. Tolcachier advirtió que en las encuestas aparecen figuras de derecha como Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori, lo que podría profundizar un escenario de polarización y debilidad institucional.
Finalmente, reflexionó sobre los ciclos políticos en la región y el recambio generacional. A su entender, los procesos progresistas surgidos en décadas anteriores han perdido vigor frente a nuevas generaciones que demandan propuestas renovadas. «Es preciso renovar los proyectos y volver a ganar la adhesión de las nuevas generaciones», concluyó.
De esta manera, el análisis plantea que la coyuntura mexicana es apenas un síntoma de transformaciones más profundas en América Latina y en el equilibrio global de poder.
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LA DESPENSA. Lunes a viernes de 9 a 12hs, con Emilia Calderón.

