Cada sábado, las canchas cercanas a la escuela Leonelli se convierten en el epicentro de un torneo que reúne a 19 equipos de veteranos, donde el compañerismo y el tradicional «tercer tiempo» son tan importantes como la pelota.
En el corazón de barrio Argüello, las tardes de los sábados después del almuerzo cobran vida con una actividad que ya es un rito para los vecinos. Cerca de la escuela Leonelli, veteranos de distintos sectores del IPV, así como residentes de zonas aledañas como Atalaya y Nuevo Progreso, se dan cita para despuntar el vicio del fútbol. La competencia destaca por su diversidad, integrando a personas de nacionalidades paraguaya y peruana en un ambiente de total armonía donde, según los protagonistas, «nunca hay problema y todos somos amigos».
Entre los 19 equipos participantes —que incluyen nombres como Flamengo, Los Piratas, La Familia y Fénix— resalta «El Tubo». Este equipo, que lleva diez años de trayectoria, debe su particular nombre a la costumbre de sus integrantes de compartir el vino despues de sus encuentros. Para Daniel, uno de sus miembros, el espacio representa un momento esencial de distensión y reencuentro con amigos de la infancia.
La jornada no termina con el pitazo final alrededor de las 6 de la tarde. El evento es una verdadera salida familiar donde asisten hijos y nietos, y donde los choripanes marca el inicio del tercer tiempo. A pesar de la alegría, los participantes señalan una necesidad urgente para el predio: la construcción de baños. Debido a la gran concurrencia de mujeres y niños que permanecen en el lugar hasta la noche, la falta de instalaciones sanitarias es el único punto pendiente para que las jornadas en la cancha sean perfectas.
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