El viaje de siete diputados nacionales de La Libertad Avanza y el PRO a China, realizado entre el 6 y el 14 de enero, quedó rápidamente envuelto en una fuerte controversia política. Aunque fue presentado como una misión institucional destinada a fortalecer vínculos bilaterales, la gira generó cuestionamientos por su escasa difusión oficial, las dudas sobre quién financió los gastos y la exclusión de representantes de la oposición.
La comitiva fue encabezada por la diputada libertaria Juliana Santillán, presidenta del Grupo Parlamentario de Amistad con China, e incluyó legisladores de ambos bloques, entre ellos la cordobesa Cecilia Ibañez. Según trascendió, el viaje se mantuvo con bajo perfil hasta que comenzaron a circular publicaciones en redes sociales que dejaron al descubierto la visita y activaron el debate dentro del Congreso.
Desde el entorno del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, intentaron despejar las críticas al asegurar que la totalidad de los costos del viaje fue cubierta por “externos” y que no se utilizaron fondos públicos. Sin embargo, versiones periodísticas y reconstrucciones internas pusieron en duda esa afirmación y señalaron que parte de los gastos, como viáticos o traslados, podrían haber sido afrontados de manera indirecta con recursos de la Cámara.
La polémica cobró mayor fuerza al recordarse un antecedente reciente. En diciembre de 2024, otra delegación legislativa encabezada también por Santillán viajó a China y desató cuestionamientos similares. En aquella oportunidad, el país anfitrión cubrió estadías y traslados internos, mientras que los pasajes aéreos quedaron en una zona gris: algunos legisladores recibieron viáticos equivalentes al valor de los tickets y otros afirmaron haber pagado de su bolsillo. Ese episodio dejó abiertas dudas que ahora vuelven a escena.
Desde el oficialismo buscaron diferenciar ambos viajes, argumentando que se trató de misiones distintas y en contextos diferentes. Para la oposición, en cambio, el problema no es aislado, sino estructural: la falta de transparencia en el financiamiento y una estrategia deliberada de hermetismo para evitar costos políticos, especialmente tratándose de un destino sensible en términos geopolíticos.
El trasfondo del debate excede el viaje en sí. Desde la asunción de Javier Milei, la relación con China atravesó tensiones por declaraciones críticas hacia el régimen comunista y por un alineamiento discursivo más cercano a Estados Unidos. En ese marco, la visita parlamentaria aparece como un intento de recomponer o al menos sostener un vínculo con un socio comercial clave para la Argentina.
Durante la gira, la delegación mantuvo reuniones con funcionarios chinos y visitó empresas de peso como COFCO, Huawei, Mindray y Skyworth, además de realizar actividades institucionales en distintas regiones del país asiático. Uno de los hechos destacados fue la compra de 65 mil toneladas de trigo argentino por parte de COFCO International Ltd., interpretada como una señal relevante en medio de la disputa comercial global entre China y Estados Unidos.
Los diputados que participaron del viaje destacaron las oportunidades comerciales en sectores como carne, derivados de soja, menudencias y tecnología, y coincidieron en resaltar el impacto que genera el desarrollo industrial y tecnológico chino. Sin embargo, esos argumentos no lograron disipar las críticas políticas.

