El mes de marzo suele ser un momento propicio para revisar estos procesos históricos, ya que es el mes de la memoria por la verdad y la justicia, y está próximo a cumplirse al 50° aniversario del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976. En ese marco, existen hechos previos que ayudan a comprender cómo se fue construyendo el escenario que desembocó en la dictadura. Uno de los más relevantes y que nos toca de lleno aquí en Córdoba, es el llamado Navarrazo.
Según González Amaya, la situación política del país venía marcada por una creciente escalada de violencia que puede rastrearse al menos desde el golpe de Estado de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón. «Ese intento de desperonización de la sociedad va acrecentando la violencia, sobre todo entendiendo que hay un grupo político que no puede expresar durante 18 años su identidad política porque el peronismo está proscripto», indicó.
La historiadora también contextualizó el clima político internacional de las décadas de 1960 y 1970, donde los movimientos juveniles y sociales tuvieron un rol protagónico. «La década del 60 es un momento en el que la juventud toma un rol fundamental como actor político y se radicalizan distintos movimientos sociales, estudiantiles y sindicales», explicó.
En ese contexto, recordó que el retorno del peronismo al poder en 1973 se dio en medio de fuertes tensiones internas dentro del propio movimiento. En Córdoba, ese proceso tuvo como protagonistas al gobernador Ricardo Obregón Cano y al vicegobernador Atilio López, representantes de un sector más cercano a la izquierda del peronismo.
«Era una gobernación muy compleja, porque había que tratar de mantener un lugar de equilibrio entre sectores muy enfrentados dentro del propio peronismo», señaló. El Navarrazo ocurrió en febrero de 1974, cuando el jefe de la Policía de Córdoba, Antonio Navarro, encabezó un levantamiento policial que terminó con la detención del gobernador, del vicegobernador y de decenas de funcionarios. «Navarro alegó que había recibido una denuncia de que la gobernación iba a entregar armas a la población civil. Esa fue la excusa para detener al gobernador, al vicegobernador y a 86 funcionarios más», explicó.

Para González Amaya, este episodio marcó un punto de inflexión en la historia política de la provincia, ya que sería la antesala de la represión que vino después del 24 de marzo del 1976. La historiadora señaló además que la respuesta del gobierno nacional fue determinante para el desenlace del conflicto. «La Nación decidió intervenir la provincia en lugar de devolverle el cargo a las autoridades legítimamente electas. De alguna manera, esa decisión legitima el golpe policial», sostuvo.
Tras la intervención federal, el clima represivo comenzó a intensificarse en Córdoba durante 1975. «Se van a multiplicar las desapariciones, los secuestros, las prisiones políticas, las torturas y los allanamientos ilegales», indicó. En ese contexto también surgieron organizaciones parapoliciales como el Comando Libertadores de América, que luego quedarían bajo la órbita del Tercer Cuerpo de Ejército.
La historiadora destacó que este proceso represivo comenzó incluso antes del golpe de Estado. «Para enero de 1976 ya existía una comisión provisoria de familiares de secuestrados en Córdoba, porque esas desapariciones ya se estaban produciendo», explicó.
Finalmente, González Amaya señaló que la represión no se limitó únicamente a la militancia política, sino que también alcanzó a expresiones culturales y populares. «Los lugares de esparcimiento de los sectores populares, como los bailes de cuarteto, también eran duramente reprimidos durante la década del ’70 en Córdoba», concluyó.

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LA DESPENSA. Lunes a viernes de 9 a 12hs, con Emilia Calderón.

