Ubicada en las sierras de Cabana, esta granja de varones acompaña a jóvenes y adultos en la reconstrucción de sus vidas a través de la rutina diaria, la espiritualidad y la autonomía emocional.
En la tranquilidad de las sierras de Cabana funciona la Casa Ave María, un espacio de convivencia destinado a la recuperación de personas con consumos problemáticos. El predio, que anteriormente funcionaba como un convento y casa de retiros espirituales, cuenta con una capacidad para 14 residentes con edades que van principalmente desde los 20 hasta los 55 años, albergando también a jóvenes de menor edad.
Bajo la coordinación de Adrián, referente del espacio que forma parte de la pastoral desde 2011, la propuesta busca romper con esquemas de dependencia y fomentar la autonomía personal. La dinámica diaria se organiza mediante responsabilidades compartidas: los residentes rotan semanalmente para elaborar el pan, cocinar las cuatro comidas, cuidar la huerta, cortar el césped y buscar leña. Además, al finalizar cada día, realizan un trabajo ignaciano enfocado en la dimensión espiritual y la vida comunitaria.
Los testimonios de los integrantes reflejan el impacto de esta experiencia en sus vidas. Joaquín, de 17 años, señala que el hábito del orden y la convivencia grupal lo ayudaron a incorporar nuevas pautas para su cotidianidad. Por su parte, Luciano Domínguez destaca que el contacto directo con la naturaleza brinda paz y ayuda a reconectarse con los sentidos. Asimismo, Adolfo enfatiza que la autogestión y el aprendizaje de tareas del hogar son herramientas indispensables para desarrollar la independencia necesaria antes de encarar una nueva etapa social y familiar. Para la coordinación, el logro principal reside en observar la transformación de los jóvenes cuando se reincorporan a la sociedad con un proyecto de vida renovado.
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