«Una canción para mi tierra»: una película que une música, educación y conciencia ambiental

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El documental dirigido por Mauricio Albornoz sigue la historia de Ramiro Lezcano, un maestro de música de escuelas rurales que comenzó a componer canciones junto a sus alumnos para visibilizar las problemáticas ambientales de su comunidad. La película se proyecta en el Cine Arte Córdoba hasta el miércoles 19 de agosto y el martes 18 contará con la presencia de su protagonista.

Desde este jueves, el Cine Arte Córdoba presenta Una canción para mi tierra, un documental dirigido por Mauricio Albornoz que recupera la historia de Canciones urgentes para mi tierra, un proyecto musical, pedagógico y ambiental nacido en escuelas rurales.

En diálogo con Radio Comunitaria La Ranchada, Albornoz explicó que la película sigue la historia de Ramiro Lezcano, maestro de música de distintas escuelas rurales, quien descubrió que en una de ellas se realizaban fumigaciones con aviones y máquinas terrestres muy cerca del establecimiento e incluso por encima de la escuela, con el consecuente riesgo para la salud de los niños y niñas.

Frente a esta situación, Lezcano decidió comenzar a componer canciones junto a sus alumnos para abordar la problemática, visibilizarla y cantarla frente a la comunidad con el objetivo de generar conciencia entre los adultos. “Es un documental que trabaja el nacimiento y la evolución de un proyecto musical, pedagógico y ambiental que se llama Canciones urgentes para mi tierra”, explicó Albornoz.

El proyecto comenzó a generar resistencia en la comunidad, debido a que se desarrolla en una zona donde gran parte de la población trabaja en actividades vinculadas a la producción agropecuaria. Sin embargo, según relató el director, esa resistencia terminó impulsando todavía más la iniciativa.

Los alumnos, junto a sus maestros y numerosos artistas reconocidos de la Argentina, terminaron presentando las canciones en un gran concierto multitudinario realizado en el medio del campo, al que denominaron “el Woodstock ambiental”. “Es todo real. Es una historia que nace en escuelas rurales, en una escuela rural, y que termina uniendo un montón de escuelas y casi todos juntos cantando estas canciones en un recital que fue histórico”, destacó Albornoz.

En aquel concierto participaron más de 20 bandas y artistas, entre ellos León Gieco, Mavi Díaz, Lito Vitale, los ex integrantes de Los Abuelos de la Nada y Fabricio Rodríguez, entre muchos otros. Todos se acercaron a participar de manera gratuita y a acompañar a los chicos en la presentación de sus canciones.

Para Albornoz, uno de los aspectos más destacados del proyecto es la calidad de las composiciones realizadas por los estudiantes. “No son canciones de estas que uno dice, bueno, el chico canta y que lo aplaudimos. No, son tremendas obras realmente”, afirmó.

La historia detrás de la película comenzó varios años antes. La productora Cactus Cine, responsable de Una canción para mi tierra, llevaba adelante desde 2013 una investigación sobre la problemática de las fumigaciones.

En un primer momento, el equipo pensaba realizar un documental de características más tradicionales, basado en entrevistas y material de archivo con científicos, médicos y familias afectadas.

Sin embargo, el proyecto tenía un problema: el tono de la historia resultaba inevitablemente angustiante debido a las consecuencias que las fumigaciones tienen sobre las personas. “Queríamos dejar de alguna forma alguna huella de esperanza, de cambio, de que sí las cosas se pueden cambiar”, explicó el director.

Durante seis años, el equipo continuó buscando la manera de abordar la problemática hasta que un colega les habló de un maestro que estaba componiendo canciones con sus alumnos sobre cuestiones ambientales.

Así llegaron a las clases de Ramiro Lezcano y descubrieron una experiencia que, según Albornoz, los llevó inmediatamente a pensar que allí estaba la película que buscaban. “Lo que sucedía adentro de esas aulas era una cosa maravillosa”, recordó.

El equipo comenzó entonces a registrar el proceso de creación de las canciones y encontró una manera diferente de abordar una problemática grave: desde el amor, la alegría, el juego y la mirada de los propios chicos. “Trataban lo que tenían que tratar, pero desde un amor, desde una alegría, desde el juego y desde muy adentro, porque son ellos, chicos, el caso. Hablaban sobre su problemática y a su manera, con una mirada infantil”, señaló.

Para Albornoz, allí se encuentra parte de la originalidad de la película: abordar una problemática ambiental fuerte y compleja desde la perspectiva de los niños y a través de la música.

Por eso, invitó a la audiencia a acercarse al cine y aseguró que, pese a tratarse de un documental que aborda una problemática difícil, el público puede terminar la función con una sensación de emoción y esperanza. “Van a salir emocionados y contentos, porque ese es el gran trabajo que hacen los chicos cuando los escuchamos un poco también”, expresó.

Una canción para mi tierra es, para su director, mucho más que una película. El documental funciona como una puerta de entrada a un proyecto que creció hasta convertirse en una experiencia musical, pedagógica y ambiental de grandes dimensiones.

El proyecto Canciones urgentes para mi tierra ya cuenta con tres discos y alrededor de 50 canciones, todas creadas por los chicos con el acompañamiento de su docente en el proceso de composición. Las canciones fueron interpretadas por más de 500 artistas de distintos lugares del mundo.

Entre quienes participaron aparecen figuras como Rubén Blades, Pablo Milanés, las coristas de Pink Floyd y las coristas de The Rolling Stones, además de una gran cantidad de referentes del rock y el folclore argentino. “Es un proyecto que se volvió gigante, realmente, y medio referencia en el mundo”, sostuvo Albornoz. Según explicó, se trata de una experiencia única porque nació en escuelas rurales y comenzó como un proyecto musical, pedagógico y ambiental, pero posteriormente se expandió hacia otras disciplinas.

El crecimiento también permitió conformar una comunidad de personas que colaboran desde distintos lugares. Las canciones, además, son ilustradas por artistas argentinos y diferentes realizadores audiovisuales de todo el mundo comenzaron a producir videoclips a partir de ellas.

Actualmente, el equipo también desarrolla talleres de cine destinados a las escuelas rurales que forman parte del proyecto. “Es un trabajo colectivo que es muy potente”, definió Albornoz.

La película tuvo además un recorrido internacional antes de llegar a las salas argentinas. Durante el año pasado pasó por más de 30 países y alrededor de 100 festivales, donde recibió distintos reconocimientos.

Para el director, el interés que despierta la obra no se explica solamente por la película en sí, sino por la potencia y la singularidad de la historia que cuenta. “Más allá de la película, que es una buena película, la historia es increíble. Es increíble la potencia de la historia y lo único de esta historia en el mundo”, afirmó.

En Córdoba, Una canción para mi tierra se proyectará en el Cine Arte Córdoba serán este viernes a las 17, y el martes 18 y el miércoles 19, ambas funciones a las 19. Además, la función del martes 18 tendrá un atractivo especial: contará con la presencia de Ramiro Lezcano, protagonista de la historia, quien se acercará a la sala para conversar con el público después de la proyección.

Albornoz destacó que estos encuentros permiten extender la experiencia cinematográfica y generar debates a partir de la película. “Es lo que hemos tratado de hacer todos los del equipo de la película, mientras podemos acercarnos, al menos a algunas funciones, a poder conversar con el público, porque se dan debates muy interesantes”, explicó.

También señaló la importancia de recuperar el cine como un espacio colectivo para compartir una obra artística y generar encuentros entre quienes la realizan y quienes la reciben.

Escuchá la nota completa con Mauricio Albornoz acá:

LA DESPENSA. Lunes a viernes de 9 a 12hs, con Emilia Calderón.

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