El comisario Bessone, director del Centro de Capacitación de la Federación provincial, explica cómo se forman los «primeros respondedores» y resalta el valor de una tarea que demanda dos años de estudio y un compromiso de por vida.
En el marco de las celebraciones por el Día del Bombero Voluntario, el comisario Bessone compartió detalles sobre la magnitud y la preparación de los 5.000 hombres y mujeres que integran las fuerzas en la provincia de Córdoba. Lejos de ser una tarea improvisada, el ser bombero se ha transformado en una profesión que exige una formación rigurosa y constante para hacer frente a emergencias que evolucionan tecnológicamente, como los incendios en vehículos con baterías de litio.
La provincia cuenta con un centro de entrenamiento en la zona de Punilla, considerado el más tecnológico de Latinoamérica. Este espacio posee aulas acondicionadas y áreas de simulación para 21 especialidades, tanto operativas como académicas, que incluyen desde rescate en altura hasta psicología en emergencia y pedagogía. Para ingresar al sistema, los aspirantes deben completar dos años de capacitación y obtener una certificación de nivel nacional y provincial reconocida por el Ministerio de Educación.
Más allá de la técnica, Bessone subrayó el componente humano y el sacrificio que implica el voluntariado. Los bomberos no perciben un sueldo y, en muchas ocasiones, deben dejar sus empleos particulares y a sus familias para acudir al llamado de la sirena. «Hay que tener vocación, pasión y respeto», afirmó el comisario, quien define a sus colegas como «unos locos diferentes que, cuando todos escapan del fuego, nosotros nos metemos en él«. Este compromiso se sostiene gracias al pilar fundamental que representa la familia, permitiendo que estos profesionales protejan a la comunidad sin pedir nada a cambio.
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