Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba encendió una señal de alerta sobre la capacidad alimentaria de la región. El trabajo concluyó que la producción de frutas y verduras del cinturón verde de la ciudad de Córdoba apenas alcanzaría para cubrir el 21,3% de las necesidades alimentarias de la población si todos sus habitantes siguieran una dieta saludable basada en las recomendaciones nutricionales oficiales.
La investigación pone en discusión una idea históricamente instalada en Argentina: la de ser un país que produce alimentos “de sobra”. Para los especialistas, medir la producción únicamente en toneladas de commodities agrícolas no refleja realmente la capacidad de alimentar de manera saludable a la población.
El estudio fue elaborado por investigadores de distintas áreas de la UNC y analizó la producción de la Región Agroalimentaria de la Ciudad de Córdoba (RACC), conocida popularmente como el cinturón verde cordobés. Allí se comparó la capacidad productiva regional con los niveles de consumo reales y con las recomendaciones de las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA).
“Medir en términos de kilos de soja no es medir alimento, ni accesibilidad, ni seguridad alimentaria y nutricional de las personas”, explicó Matías Scavuzzo, uno de los autores del trabajo, docente universitario y presidente de la Fundación Innovacomunidad.
La investigación señala que incluso con los actuales hábitos alimentarios —que ya están por debajo de lo recomendado— la producción regional tampoco alcanza. Según datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS), el cinturón verde cordobés solo podría abastecer el 56,2% de las frutas y el 77,5% de las verduras que actualmente consume la población.
El estudio construyó un Índice de Autosuficiencia Alimentaria, una herramienta que permite calcular qué porcentaje de los alimentos consumidos por una población se produce dentro de su misma región. Según detallaron los investigadores, es la primera vez que este indicador se aplica en América Latina con estas características.
Para Micaela Campero, integrante del Centro de Investigaciones en Nutrición Humana de la Facultad de Ciencias Médicas, el trabajo busca unir dos aspectos que suelen analizarse por separado: la nutrición y la producción alimentaria.
“Queremos discutir no solo cuánto se produce, sino qué se produce y cómo eso impacta en la alimentación de la población”, señaló la especialista.
Uno de los puntos centrales del informe es el deterioro progresivo del cinturón verde cordobés. Según explicó Victoria Marinelli, investigadora del Instituto Gulich de la CONAE y la UNC, la superficie productiva destinada a frutas y verduras disminuyó un 75% desde la década de 1980 hasta la actualidad.
Mientras la población urbana creció sostenidamente, las áreas destinadas a producir alimentos frescos fueron reemplazadas por urbanizaciones o por agricultura industrial. En particular, el estudio marca que en el sur de la ciudad muchas huertas desaparecieron por el avance inmobiliario, mientras que en el noreste se expandieron cultivos extensivos.
“Mientras la población creció, disminuyó el área que la alimenta”, advirtió Marinelli, quien además remarcó que la producción hortícola tampoco se volvió más eficiente en términos de infraestructura o manejo del agua.
Actualmente, la RACC cuenta con unas 1.290 hectáreas destinadas a la producción de hortalizas, con una producción anual cercana a las 82 mil toneladas. En el caso de las frutas, la superficie es mucho menor: poco más de 81 hectáreas, concentradas principalmente en Colonia Caroya, con una producción promedio anual de 1.668 toneladas.
Los especialistas remarcan que la alimentación saludable está lejos de ser una realidad cotidiana para gran parte de la población. Según los datos relevados, el 50% de los habitantes de la región centro consume entre dos y cuatro porciones diarias de frutas y verduras, cuando las guías nutricionales recomiendan al menos cinco.
Además, el informe evidencia que el acceso a alimentos frescos está directamente relacionado con el nivel de ingresos. Las familias con mayores recursos consumen más frutas y verduras, mientras que los sectores populares suelen recurrir a alimentos ultraprocesados por cuestiones económicas.
“Las personas saben que deben comer mejor, pero muchas veces no pueden acceder a esos alimentos porque son más caros”, explicó Scavuzzo, quien cuestionó la lógica de mercado actual. “Una fruta no puede costar más que un alfajor ultraprocesado”, agregó.
El estudio también plantea que para revertir esta situación se necesitan políticas públicas integrales. Entre las propuestas aparecen el ordenamiento territorial para proteger tierras periurbanas destinadas a la producción de alimentos, el acceso al agua para riego, el impulso a bioinsumos agroecológicos y medidas que faciliten el acceso de la población a frutas y verduras frescas.
Los investigadores sostienen que el desafío no es únicamente productivo, sino también social y sanitario. En ese sentido, remarcan que fortalecer los sistemas de producción local podría generar empleo, mejorar la salud pública y reducir el impacto ambiental.
“La soberanía alimentaria no depende solo de producir más, sino de producir alimentos saludables y garantizar que la población pueda acceder a ellos”, concluyeron.

