Según los datos correspondientes a 2024, el 83% de los chicos y chicas de entre 3 y 5 años asiste actualmente al nivel inicial. El porcentaje ubica al país en niveles similares a Chile y Perú, aunque todavía por debajo de Uruguay, que alcanza una cobertura del 93%.
El estudio advirtió que el principal problema continúa concentrándose en los sectores más vulnerables y en las edades más tempranas. En el caso de los niños de 3 años pertenecientes a hogares de menores ingresos, sólo el 41% asiste al jardín, mientras que en sectores medios la cifra asciende al 71%. “Aunque Argentina fue uno de los países de la región que más amplió la cobertura en niños de 3 años en la última década, todavía se ubica entre los niveles más bajos, por detrás de Uruguay, Chile y Perú», señaló el informe.
La investigación, titulada “Cobertura del nivel inicial: una comparación entre países de la región”, fue elaborada por Martín Nistal y Lucía Vallejo y analiza la situación educativa en Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay. De acuerdo al relevamiento, la asistencia escolar a los 3 años en Argentina alcanza el 55%, muy por debajo de la cobertura registrada a los 4 años (91%) y 5 años (98%).
Las diferencias también aparecen en la franja de 2 años. Entre los hogares más pobres, apenas el 10% de los niños accede a algún espacio educativo, mientras que en los sectores de mayores ingresos el porcentaje llega al 44%. En contraste, a medida que aumenta la edad, las brechas comienzan a reducirse. A los 4 años, la diferencia entre los sectores de menores y mayores ingresos es de 14 puntos porcentuales, mientras que a los 5 años la escolarización es prácticamente universal.
El informe también destacó que Argentina fue uno de los países que más amplió la cobertura durante la última década. Entre 2014 y 2024, la asistencia a sala de 3 pasó del 40% al 55%, mientras que en sala de 4 aumentó del 75% al 91%.
La investigadora del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), Ianina Tuñón, sostuvo que “nuestra evidencia empírica indica que la asistencia a la educación inicial en contextos de pobreza actúa como un catalizador del entorno familiar”. En ese sentido, explicó que quienes asisten a espacios educativos reciben más estímulos vinculados a cuentos, canciones, juegos y actividades afectivas.
Por su parte, Gabriela Fairstein, profesora de la UBA y FLACSO, consideró que “el aumento en la cobertura del nivel inicial es un dato alentador pero debe leerse junto con los desafíos pendientes”. Además, remarcó que los sectores más vulnerables continúan siendo los que menos acceden a estos espacios, pese a ser quienes más podrían beneficiarse de la educación temprana.
En la misma línea, Celia Rosemberg, investigadora del Conicet, alertó que la baja cobertura en los sectores populares durante los primeros años de vida implica “una desigualdad temprana en las oportunidades de participar en experiencias educativas de calidad, sistemáticas y lingüísticamente ricas”.

