Frente a los estigmas de «peligrosidad» que circulan en internet, Armando Moreno, referente de la zona, rescata la memoria de las casi 400 familias que llegaron en 1988 para fundar una comunidad con nombre y calles propias a través del esfuerzo colectivo.
El 2 de septiembre de 1988 marcó un antes y un después para cientos de familias de Córdoba que no contaban con un techo propio y dependían de viviendas alquiladas o prestadas. Ese día, de la mano del doctor Mestre, recibieron las llaves de sus hogares en el sector de Argüello, divididos en los sectores rosa (164 casas) y amarillo (227 casas). Al llegar, se encontraron con un escenario de múltiples necesidades básicas insatisfechas: las calles eran enteramente de tierra, el alumbrado era inexistente, no contaban con un centro de salud cercano y la única escuela de la zona, la Marta Salotti, estaba colapsada ante la enorme cantidad de niños. Además, para viajar al centro debían caminar largas distancias porque el transporte público apenas ingresaba a las inmediaciones, con un viaje que demoraba más de una hora y cuarto.
Ante este panorama, la comunidad decidió unirse. Con una comisión vecinal activa integrada por unas 20 personas, cada manzana contaba con un delegado para organizar el trabajo colectivo y mantener informados a los habitantes. Así se lograron hitos históricos para el barrio: hogares particulares se convirtieron en guarderías para que las familias trabajadoras pudieran dejar a sus hijos protegidos, consiguieron que las líneas de colectivo ingresaran directamente al barrio y, mediante la gestión con un comité internacional de Italia, obtuvieron los fondos para construir el actual dispensario de salud (el Dispensario 57). Incluso, el propio playón del barrio se convirtió en un motor cultural donde se realizaban festivales de música, ferias de artesanos y festejos comunitarios como el pesebre viviente, provistos de sonido y juguetes por el municipio y la provincia.
El nombre del barrio, «2 de Septiembre», nació de una propuesta vecinal formalizada ante la Municipalidad de Córdoba para conmemorar el día de su llegada, mientras que sus calles recibieron nombres de legendarios corredores de automóviles de la época en lugar de los premios Nobel propuestos inicialmente. Hoy, a sus 79 años, Armando Moreno reivindica la calidez y honestidad de sus vecinos frente a las etiquetas de «zona roja» con las que los motores de búsqueda de internet suelen describir el lugar. «Seguimos siendo gente sana», afirma con orgullo, demostrando que la verdadera esencia del barrio reside en su memoria colectiva y en la lucha inalcanzable de su gente para progresar y tener una vida digna.
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