La situación de los inquilinos en Córdoba atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años, con niveles de endeudamiento récord y un peso creciente del alquiler sobre los ingresos familiares. Así lo expone la Encuesta Nacional Inquilina de marzo de 2026, que ubica a la provincia entre las más afectadas del país en términos de acceso y sostenimiento de la vivienda.
Uno de los datos más alarmantes es que el 84,6% de los hogares inquilinos en Córdoba tiene deudas activas, el porcentaje más alto registrado entre todas las provincias relevadas. Este nivel de endeudamiento no solo refleja dificultades económicas estructurales, sino también la imposibilidad de afrontar gastos básicos sin recurrir al crédito o a mecanismos informales de financiamiento.
En esa misma línea, el 50% de los inquilinos cordobeses reconoció haberse endeudado específicamente para poder pagar el alquiler. Este dato evidencia que la vivienda, lejos de ser un gasto previsible dentro de la economía familiar, se ha convertido en un factor de presión constante que desestabiliza cualquier planificación financiera.
El valor de los alquileres explica gran parte de esta situación. En Córdoba, el alquiler mediano alcanza los 500 mil pesos, mientras que el ingreso mediano de los hogares se ubica en 1.225.000 pesos. Esta relación implica que, en promedio, cerca del 40% de los ingresos se destina al pago del alquiler. Sin embargo, la realidad es aún más compleja: el 76,9% de los hogares supera ese porcentaje, lo que indica que la mayoría de los inquilinos vive por encima de un umbral considerado crítico a nivel internacional.
Las consecuencias de este escenario se reflejan de manera directa en la vida cotidiana. El 23,1% de los inquilinos tuvo que mudarse por no poder sostener el pago del alquiler, lo que pone de manifiesto la inestabilidad habitacional que atraviesa una parte importante de la población. A su vez, el 57,7% de los hogares cuenta con más de un trabajo para poder cubrir sus gastos, lo que da cuenta de la necesidad de multiplicar ingresos en un contexto de creciente presión económica.
El impacto también se hace visible en el consumo. El 65,4% de los hogares inquilinos en Córdoba redujo gastos en alimentos, una señal clara del deterioro en las condiciones de vida. Este ajuste no se limita a la alimentación: también se registran recortes en áreas esenciales como salud, transporte y esparcimiento, lo que configura un escenario de fuerte retracción del bienestar general.
En términos alimentarios, la situación es especialmente preocupante. Solo el 34,6% de los hogares logra realizar las cuatro comidas diarias, mientras que el resto se reparte entre quienes acceden a tres, dos o incluso una sola comida por día. Este dato refleja de manera contundente cómo el costo de la vivienda impacta directamente en aspectos básicos de la vida.
El informe también pone en evidencia un cambio estructural en el acceso a la vivienda. En Córdoba, el 38,5% de los inquilinos pertenece a una segunda generación que no ha podido acceder a una vivienda propia. Este fenómeno marca un quiebre respecto de décadas anteriores, en las que el alquiler era una etapa transitoria, y muestra cómo se consolida como una condición permanente.
A esta situación se suma una percepción generalizada de preocupación. El 96,2% de los inquilinos cordobeses señala a la vivienda como uno de los principales problemas que enfrenta, en un contexto donde también pesan las dificultades vinculadas al salario y al empleo.
El cuadro general revela una combinación de factores que agravan la crisis habitacional: ingresos que no logran acompañar el aumento de los alquileres, niveles de endeudamiento cada vez más altos y un deterioro progresivo en las condiciones de vida. Lejos de tratarse de una problemática aislada, los datos muestran una tendencia sostenida que afecta a una porción cada vez mayor de la población.

