Pese a la leve desaceleración de la inflación en abril, el Centro de Almaceneros advierte sobre una situación social crítica donde el consumo de alimentos cayó un 8,5% y las familias reemplazan nutrientes esenciales por hidratos de carbono para mitigar el hambre.
La realidad económica en los barrios de Córdoba muestra una cara mucho más dura que las cifras macroeconómicas de desaceleración inflacionaria. Según informó Germán Romero, secretario del Centro de Almaceneros de Córdoba, la inflación en la ciudad registró un 2,6% durante abril. Aunque el dato es menor al de marzo, el acumulado de los primeros cuatro meses del año ya alcanza el 12,1%, superando la meta del 10% que el Gobierno Nacional había previsto para todo el año 2026.
La pérdida del poder adquisitivo ha empujado a la mayoría de los ciudadanos a una situación de vulnerabilidad extrema. El 88% de las familias cordobesas debe financiarse para acceder a los alimentos básicos, recurriendo principalmente a tarjetas de crédito (38,5%), al fiado en comercios de cercanía o a préstamos de familiares. Sin embargo, este sistema de subsistencia está llegando a su límite: el uso de tarjetas cae por la saturación de los cupos y el fiado presenta una morosidad del 26%.
Esta asfixia financiera se refleja en una caída interanual del consumo del 8,5% en comercios como carnicerías, almacenes y verdurerías. Para una familia tipo de cuatro integrantes, el costo de la Canasta Básica Total ascendió a $1.276.700 mientras que la Canasta Alimentaria se ubicó en $1.030.000 durante abril.
El dato más alarmante de la fuente se refiere al impacto social: un 53% de los hogares debió suspender alguna ingesta diaria —principalmente la cena— por falta de recursos. Además, un 56,8% de las familias no pudo acceder a la canasta alimentaria completa, lo que ha provocado una migración nutricional hacia los hidratos de carbono.
Se ha suprimido el consumo de carne, lácteos, frutas y verduras, reemplazándolos por productos como papas, arroz y fideos que, en palabras de Romero, «llenan, pero no alimentan». Esta situación es especialmente preocupante en la niñez, donde la falta de nutrientes apropiados puede comprometer el desarrollo cerebral de manera irreversible. Ante un plan económico orientado al ajuste, las perspectivas para el primer semestre no vislumbran una mejora inmediata en la microeconomía de los hogares.
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